¿Qué es esto?


La vida es un cambio constante, solo queda adaptarte.



miércoles, 22 de mayo de 2013

Inmortales

Comenzaré desde el principio.
Boni y yo, siendo inmortales y decidiendo estar siempre juntos.
Foto: Walter Higueras 
Existe una canción de "Cementerio Club" llamada "Inmortales". Boni y yo la elegimos como parte de las canciones que acompañarían nuestro vídeo de matrimonio religioso en el año 2010. No analicé mucho la letra, es más, no entendía partes de ella. Me gustaba mucho la parte que dice: "...y es que somos inmortales y siempre estaremos juntos...". Y es que pienso que él y yo somos inmortales y que siempre estaremos juntos. 

Siempre he tenido la capacidad de analizar eventos y hechos. Creo firmemente que las cosas no suceden por casualidad, todo tiene un porqué en esta vida. Aprendí que de toda experiencia se aprende, mala o buena y que existe un conocimiento inherente al ser humano del cual nos valemos para saber cómo actuar en determinadas ocasiones. Ese conocimiento es parte de uno mismo, no necesitas libros para aprenderlo, pero no todos son conscientes de ello y es por eso que en el mundo hay un desequilibrio. Ese conocimiento te religa con la naturaleza, con tu esencia y te hace ser mejor persona, te perfecciona, te cura, te sana, te salva y te ayuda a salvar a otros y ayudarlos en su evolución. Existe la perfección del espíritu.

Ayer, mientras esperábamos abordar nuestro avión, Ricardo, un compañero de trabajo, me prestó un libro del cual ya había oído hablar hacía unos años. Este libro se llama "Muchas vidas, muchos maestros" de Brian Weiss. Siempre pensé en leerlo pero no había encontrado la oportunidad. Pensé que era otro de esos libros de auto ayuda o de algún vendedor de ilusiones.
Estábamos conversando acerca de cómo uno puede emprender un proyecto sin desesperarse en llegar a la meta, proponiéndose metas cortas y alcanzables para que cuando pase un tiempo, sin querer, has llegado a conseguir parte de tu meta. Creo que si te pones metas diarias, pensando en que hoy es hoy y mañana es mañana, se puede llegar lejos. Me preguntó quien me había enseñado eso y le dije que yo misma lo había aprendido. Comenzamos entonces a hablar acerca del conocimiento y refirió el libro de Brian Weiss, el cual tenía en su maletín y me lo dió para que lo lea en el avión de regreso a Lima.

Empecé a leer el libro ávidamente y fui encontrando muchas cosas que había leído en otros libros o eran parte del conocimiento del cual hablo líneas arriba. Este libro trata acerca de la experiencia única del psiquiatra Brian Weiss al realizar una terapia de hipnosis a una paciente, donde fue descubriendo mediante regresiones que tuvo otras vidas anteriores y cuales fueron los motivos de sus traumas actuales, pudiendo sanarla en esta vida. En el ínterin, ella fue "medium" de los "maestros", espíritus guías y más evolucionados que se encuentran en el plano espiritual, quienes a través de ella le fueron dando una serie de enseñanzas al psiquiatra. 
Al finalizar el capítulo 11, había escrita una frase que llamó mi atención: "...Somos inmortales. Siempre estaremos juntos...". En resumen, todos nos reencarnamos y vivimos infinitas vidas y vamos evolucionando en cada una de ellas y por eso somos inmortales, nunca morimos. En esa serie de reencarnaciones, nos encontramos con nuestros seres queridos en nuestras diversas vidas, pero con diferentes papeles, por eso siempre estaremos juntos. Recordé inmediatamente la canción de "Cementerio Club" y puedo estar casi segura que Pepe Arbulú ha leído este libro. De pronto la canción comenzó a tener sentido.

Hola, nos volvemos a encontrar,
dime, tienes algo que contar
y es que el tiempo ha curado,  las heridas del pasado...

...sabes que el mundo no tiene fin,
llegas para volverte a ir
y es que somos inmortales
y siempre estaremos juntos
ya no debemos morir...

...yo siento que me vuelvo a enamorar, cuando tus manos soledad...

...pronto habrá otra vez que partir, donde nunca nadie  quiere ir,
y es que somos vagabundos, no tenemos ningún rumbo,
sólo sabemos vivir,

...ahora se que me vuelvo a enamorar, eterna compañera soledad...

...cuantas veces debemos morir...

No me equivoqué en elegirla para nosotros. Ya desde que leí "La Ley del Amor" de Laura Esquivel, creí que había un pedazo de mi alma regado por el mundo y que algún día nos reencontraríamos. Ahora que estamos juntos, me pongo a pensar cómo habremos sido en vidas pasadas, de repente él fue mi madre o mi esposo. Pienso en mi hija y seguro ella estuvo conmigo, dándome todo su amor que ahora en esta vida yo le devolveré. Porque de ahí viene el karma. Lo que hiciste en una vida pasada, te lo devuelven en esta. Aprendes de vida en vida y te perfeccionas.


Hoy por la mañana, ya en la oficina, enciendo la radio y escucho "Inmortales", canción poco emitida por las emisoras locales, pero emitida esta vez para mí. Abrí mi blog. Se cerró el círculo.
Nada ocurre porque si.



                                                             
               

lunes, 13 de mayo de 2013

Along came Astor

Foto: Rociolv

Llegó a mi casa una noche de invierno, un viernes, con la sorpresa de quien nada espera, solo un fin de semana de descanso. Allí estaba él, con sus cuatrocientos gramos a cuestas y aun con los pelos de barriga de su mamá, asustado, tembloroso y con muchas dudas acerca de su nuevo paradero. Lo vi y fue amor a primera vista. Boni lo tenía escondido en el cuarto de Lita y sólo lo llevó conmigo cuando estuvo seguro de que yo no sospechaba nada. Allí estaba, blanco y negro como lo había visto en las fotos, tan indefenso y aturdido, apenas cabía en mis manos. Olía aun a recién nacido, pero estaba sucio porque el lugar de donde venía no era el más pulcro para un ser tan tierno y delicado como él. Lo adoré desde el principio y lo besé como al amor de mi vida.
Nos dirigimos rápidamente a la clínica veterinaria a buscar todo lo necesario para él; comida, arena, litera y espuma para baño en seco. Estaba listo para pasar la primera noche en casa.


Esa noche sería el inicio de una vida al servicio de un felino enano quien de manera muy fina y sutil hizo que dos humanos adultos sean nombrados sus fieles súbditos y sirvientes. Nuestra cama ya no fue nuestra sino suya; poco a poco fuimos desplazados a un rincón mientras el Rey Rojo tomaba posesión de su trono en la almohada desde donde nos obligaba a rendirle pleitesía, a llevarlo a su litera y luego limpiarle el poto a las tres de la madrugada. Hizo que padre y madre nos desveláramos por él con un solo maullido, poniendo atención en no aplastarlo mientras dormíamos.

El Rey Rojo era exigente e indiferente y sus padres respondíamos a esa indiferencia con mayor devoción y amor, esperando que tal vez de esa manera se digne dirigirnos una mirada.


Foto: Rocíolv
Los días pasaban y el Rey Rojo parecía ablandarse, pero como todo monarca, su graciosa majestad sabía dosificar sus momentos de atención hacia sus plebeyos padres.
Era ya casi una costumbre saludar a Boni por las mañanas con un trompazo en la nariz.
Subía por su pecho y acercaba su hocico a la cara de Boni, quien respondía con una caricia en su lomo y eso bastaba para que el chino se baje de la cama y le de un colazo en la cara, ignorándolo de nuevo como respuesta a su atrevimiento.

Conmigo él era más benevolente. Debido a mi insistencia, lo cargaba cada que vez que llegaba a la casa y él aparentemente emocionado me recibía dándome besos o mejor dicho lengüetazos en la cara. Poco duraba mi emoción ya que ni bien terminaba de saludarme, se escurría de mis brazos y volvía al piso. Esta rutina se repite todos los días.

Reycito Rojo vive en su mundo paralelo donde una bolsa parece ser el juguete más preciado y entretenido, donde el televisor es el lugar más caliente donde dormir por las tardes, donde una polilla es ideal para perseguirla y correr por toda la casa, donde el planchador puede ser el trono elegido por un Rey que no necesita de corona para serlo y donde mis brazos son el lugar ideal para afilar las garras y los colmillos, dejándome luego cual Cristo en Viernes Santo.

Reycito Rojo sigue buscando el menor rayo de sol para calentarse a pesar de ser otoño y por las mañanas olvida su linaje de sangre azul, desciende al llano y me despierta con su patita para pedirme que lo deje entrar entre las sábanas y acurrucarse entre mis piernas para seguir durmiendo caliente.

Foto: Rociolv

Desde que llegó Astor, mi vida no es la misma. Debo confesar que acepté de manera estoica las disposiciones del monarca que me obliga a darle de comer la mejor comida que existe y a estar pendiente de todos sus arrebatos, como por ejemplo dejarlo mirarme mientras me baño, solo porque le gusta el sonido del agua. Él a cambio me da una lamida cada vez que lo cargo y posa para cada foto que suelo tomarle, ya que como sus ancestro monarcas europeos, es un poco exhibicionista y fisgón.

Ahora está a mi lado, mirándome celoso, como cada vez que tengo la osadía de ignorarlo o cambiarlo por la laptop y el celular. Lo miro fijamente y trato de tocarlo, él se deja y cierra los ojos mientras lo acaricio y le rasco la cabeza Abre su hocico y me da un mordisquito. Después de todo, su alteza sí me quiere.

Lima, 2009