¿Qué es esto?


La vida es un cambio constante, solo queda adaptarte.



Mostrando entradas con la etiqueta Pachelli. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pachelli. Mostrar todas las entradas

viernes, 11 de octubre de 2013

Pensamientos Embarazosos III : La Lactancia

La lactancia no tendría porqué ser engorrosa, dolorosa o estresante. Si llega a serlo, busca un grupo de apoyo. Si después de intentarlo no puedes continuar, no te sientas mal. Hiciste todo lo que pudiste. Si desde un inicio  (por X motivos) la lactancia para ti es imposible,  no es necesario culparse por ello. Busca otros medios para generar lazos de amor con tu bebé. No permitas que nadie te culpe, te dañe o te señale con el dedo por no haberlo hecho. 

Nadie nace sabiendo, aunque hay cosas que se hacen por instinto y una de ella es la lactancia.
No quiero parecer una madre modelo o una super mamá ni hacer sentir mal a nadie. Lo único que pretendo con este relato, ya que es un tema algo controvertido, es compartir mi experiencia.  De repente a alguien le sirve.
Comentaba en mi publicación anterior de la seguidilla de Pensamientos Embarazosos, que decidí por la lactancia materna exclusiva.

Primero que nada, pienso que es una decisión y como toda decisión, debes hacer lo posible para cumplirla. Si luego no puedes, al menos lo intentaste.

Leche Materna vs. Fórmula 
Yo no sabía mucho del tema y la única relación con la lactancia que tuve fue ver a mi hermana mayor alimentar a mi sobrino por casi un año y eso ocurrió hace dieciséis años.
Al no saber mucho del tema, lo primero que hice fue informarme. Esto se lo diría a cualquier futura madre. Infórmate, lee, busca en internet. Hay demasiada información del tema. Filtra lo que te convenga y desecha lo que no sirva.
A mi me ayudó mucho la página de la liga de la leche, que es una agrupación sin fines de lucro que promueve la lactancia materna a nivel mundial.
No permitas que nadie desacredite tus ganas de amamantar. Nadie tiene el derecho de decirte que la leche materna no alimenta ni que necesitarás "de todas maneras" suplementar con fórmula, ya que eso no siempre es así. No escuches a esas personas, así la primera en decírtelo sea tu madre. Aléjate de malo comentarios y busca personas que te alienten.

Si después de leer esa información, de saber lo importante que es la leche materna versus una fórmula, del vínculo hermoso que se genera entre madre e hijo, de la practicidad de amamantar (no tendrás que preparar biberones a las tres de la madrugada, solo te levantas el polo y listo), del bajo costo y que la lactancia ayuda a bajar de peso y recuperar la figura, aún quieres cortar tu producción de leche desde un inicio y dar fórmula, pues es tu decisión. Pero, por favor, toma una decisión después de informarte.

Pensaba escribir esta publicación cuando mi hija cumpliera los seis meses de vida y ya casi tiene nueve. Yo empecé proponiéndome una meta final: llegar al año, varias metas cortas: mes a mes y una meta intermedia: los seis meses, ésta era la única manera de auto estimularme y de no sentirme derrotada. Luego aprendí que hiciera lo que hiciera y pase lo que pase, no tenía porqué sentirme culpable. (Nota: Mi hija está por cumplir un año y recién me animo a publicar este relato. Al final explicaré porqué).

La primera señal de alarma, luego de empezar la lactancia, la tuve a las pocas semanas de dar a luz. Rafaella lloraba y quería estar prendida de la teta todo el día. Me dijeron que mi leche no la saciaba, que necesitaba darle fórmula y yo sólo me sentía impotente y más estresada. No quise rendirme tan fácilmente y busqué información. Lo que mi hija tenía eran las llamadas "crisis de crecimiento", que ocurren cada cierto tiempo y se manifiestan con las ganas de lactante de estar todo el día prendidos de la teta de su mamá. Ocurre que en esos días crecen, por tanto, su requerimiento de leche es mayor. Al estar todo el día lactando, le dicen al cuerpo de la madre que produzca más leche, el cuerpo lo entiendo y comienza a producir más porque la producción de leche se basa en una ley de oferta y demanda: A mayor succión, mayor producción.

Primera lección aprendida: Si le hubiera dado fórmula, mi lactancia se hubiera visto arruinada.

Segunda lección aprendida: Las crisis de crecimiento ocurren y no hay porqué alarmarse. Aprovecha esos momentos de demanda del bebé para estar con él y dormir juntos.

A los pocos días mis pezones se enrojecieron y sentía mucho dolor. Aparentemente no estaba colocando muy bien a mi hija a la hora de lactar. No llegué a sangrar, pero sí a sentir un dolor muy intenso. Eso coincidió con que una mañana despierto con un dolor muy fuerte en un seno, como punzadas y con mucha congestión, sentía muchos bultos en el seno y estaba un poco caliente. Apareció en uno de mis pezones una perla de la leche  muy dolorosa. Llamé a una consulta en lactancia y me ayudó a usar una extractora de leche para saber si mis pezones estaban obstruidos, lo cual no era el caso. Luego vio como colocaba a mi hija al momento de lactar y era evidente que lo estaba haciendo mal. Me enseñó cómo hacerlo y el dolor desapareció. Luego de eso, me dio mastitis, tomé antibióticos y continué con la lactancia. Es ideal encontrar un médico que sea pro lactancia materna, sino, te dicen que restringas la lactancia y es ahí donde vienen los problemas. La succión del bebé ayuda mucho a sanar.

Tercer lección aprendida: La colocación del bebé es fundamental para evitar lastimarse los pezones y que esto sea un pretexto para interrumpir la lactancia.

Cuarta lección aprendida: La mastitis puede ser común durante la tercera y cuarta semana de lactancia. Puedes evitarla lavándote las manos antes de amamantar y haciendo que tu bebé succione frecuentemente. No dejas la lactancia aun tomando antibióticos. 

Este es uno de los "memes" que me auto adjudicaba para no
sentirme tan agobiaba a veces. A veces es mejor reírse de uno
mismo. 
No puedo ya ironizar de la manera cómo la hacía en mis primeros días de madre en lactancia. Recuerdo sentir no tener vida. Andaba greñuda y sin tiempo para peinarme, lavarme los dientes e inclusive bañarme. Si tenía unos minutos de descanso pues los utilizaba, sin dudarlo, en dormir. Me sentía una vaca lechera, tolón tolón y durante el primer mes y los que vinieron la pasé en pijama todo el día. Al inicio me preocupaba si todo estaba en orden, limpio y pulcro, luego me relajé y mi único interés era pasar el mayor tiempo posible con mi hija. El lactante materno exclusivo no tiene horarios, puede comer cada tres, cada dos o cada hora. El día es igual que la noche hasta que su organismo se regula a su vida extra uterina y la madre por esos días sólo se dedica al bebé y el resto de cosas pasan a segundo plano. Así transcurrían mis días, sintiendo que mi cuerpo no era mío (y hasta ahora lo siento).

Salí de esos problemas iniciales, pasé el primer mes y medio y ese era el tiempo en que mi producción se estandarizaba, conocía los hábitos de mi hija  e iba perdiendo el miedo a "no tener leche". Me sentía más confiada. Era momento de armar mi banco de leche, ya que debía retornar a trabajar en pocas semanas, por lo que desde ese momento en adelante, la extractora de leche, se convirtió en mi mejor amiga.

A partir de este punto comenzaron un sin número de experiencias que guardo con mucho cariño. Armar el banco de leche fue una tarea medianamente fácil. Llegué a juntar en un mes alrededor de tres litros de leche. Luego vendría el retorno al trabajo y con ello, hacer valer mi hora de lactancia y mi hora de lactario (que en mi caso lo tuve que improvisar porque por ley no me corresponde, pero sí por sentido común).
La relación con mi extractora de leche  ha sido un "Love Story" desde ese punto hasta el momento, con sus altas y bajas. A veces la veo y siento alivio, paz, comodidad y otras angustia, fastidio, flojera y no porque sea doloroso, ni nada de eso, sino porque realmente después de casi un año de extracción, me da flojera algunas veces lavar los utensilios, armar el equipo de extracción y todo lo que implica. Por eso, Doris o Boni me ayudan lavando los utensilios. Los días que no me extraigo, me siento culpable porque no dejé suficiente leche en mi banco. Como les dije, es un "Love Story". A pesar de esto, recomiendo a toda madre trabajadora que las use, si es que no está familiarizada con la extracción manual.

Quinta Lección aprendida: La extractora de leche es una gran ayuda, sobre todo para mantener el vínculo con tu bebé mientras estás en el trabajo, continuar con la lactancia y aumentar tu producción de leche. Debes aprender a usarla y no recomendaría su uso sino hasta que la lactancia esté bien establecida, es decir, a partir del primer mes de vida, de lo contrario, podría ser perjudicial. Bien usada, siguiendo las recomendaciones del caso y recibiendo el apoyo necesario, es una excelente herramienta. Nunca la uses para estimar cuánta leche produces, ya que al extraerte leche, siempre queda un residual. La extractora nunca extraerá toda la leche de la glándula, ya que ésta es como un caño abierto de donde siempre sale leche.

Me he extraído leche en sitios comunes y en otros inimaginables:
- Una oficina vacía de mi trabajo
- El baño de mi trabajo
- Almacén de mi trabajo
- En el shower de quelindavivi
- En el matrimonio de quelindavivi
- En carros estacionados y carros en movimiento
- Hoteles de Santa Clara, Chincha y Huaral

Sin mencionar que he amamantado en otros tantos sitios públicos, por lo queda demostrado que el pudor lo perdí hace rato.

He tenido que salir de viaje fuera de Lima por motivos de trabajo hasta por cuatro días en dos oportunidades y tuve que viajar con mi extractora, mi caja de tecnopor y mis "ice gel packs". Uno de esos sitios fue Cancún y en las caseta de control del aeropuerto, me inspeccionaron misma delincuente, me abrieron la maleta e inclusive tuve que abrir uno de los "packs" para que comprueben que lo que había dentro era gel y no polvos blancos mágicos en gel. En el interín, el agente se topó con mis sostenes de maternidad, los biberones y las bombillas de extracción. Verle su cara de incomodidad fue mi pequeña venganza ante tanto maltrato.
Congelar la leche y los gel packs en los hoteles y traer la leche a Perú es otra historia y tal vez merezca otro post. No iba a desperdiciar cuatro días de leche. La leche es como oro blanco líquido y no quería botarla por el caño.
Como consecuencia de esos viajes, mi producción de leche bajó mucho, tanto así que me dio miedo que se corte. Lo que ocurre es que no existe mejor extractora que tu propio bebé y como la producción de leche funciona según oferta y demanda, tu cuerpo cree que ya no necesitas producir más leche. Los días posteriores a mis viajes, traté en lo posible que mi hija lacte lo más que pudiera para restablecer mi producción. Luego de unos cuatro días, el volumen de leche volvió a la normalidad.

Sexta Lección aprendida: A mayor succión, mayor producción. No hay dudas al respecto.

Bendiciones lácteas del Hada de la Extractora. Estas bendiciones
me fueron necesarias muchas veces.
Dentro de todo este periplo de extracciones, es necesario el apoyo de todos los que te rodean (esposo, pareja, padres, hermanos, amigas, compañeros de trabajo) porque como leyeron, no es tarea fácil. Leer este post (aunque está en inglés) me ayudó mucho en momentos en los que quería tirar la toalla.

Séptima Lección aprendida: La extracción de leche es una tarea que necesita mucha paciencia y apoyo de las personas que te rodean. Busca ayuda y soporte cuando te sientas agobiada. Recuerda que no eres la única. Hay muchas otras mamás que se sienten como tú.

Actualmente, mi hija tiene casi un año y la demanda que tiene de leche es mucho menor. Me extraigo leche una vez por día (antes eran por lo menos tres veces) y le doy leche directamente a la hora de almuerzo si puedo estar con ella, antes de dormir y durante todo la noche. Este es otro punto. El colecho me ayudó mucho a superar las amanecidas, ya que este tipo de lactantes suelen despertarse durante las noches a tomar leche, ya que lo utilizan como una manera de arrullarse. Dormir con mi hijita aminoró mi cansancio, hizo que esté más lúcida al día siguiente y que ella durmiera mejor.

Octava Lección aprendida: El colecho es beneficioso para la madre y el bebé. Si colechas, no escuches críticas ni comentarios negativos. Finalmente quienes deciden dormir con su hijo son los padres, nadie más.

Rafaella jugando con mis utensilios de extracción.
Foto: Rociolv

Como conclusión y después de haber pasado por muchas situaciones y estar cercana al primer año de Rafa, me siento más relajada respecto a este tema, aunque aún me produce un poco de aprehensión (algo muy contradictorio pero normal en mi). Quisiera no haberme presionado tanto ni haberme sentido tan agobiada otras veces. El destete aun no está en nuestros planes y si en algún momento mi médico me lo planteó, lo saqué inmediatamente de mi cabeza solo por la ansiedad que sentí. No se si Rafaella me necesita más de lo que yo a ella, pero creo que aún no estamos listas, a pesar de que hay días que ella me rechaza y no quiero decir que no me afecta porque sí lo hace.

El motivo por el cual esperé tanto en escribir este post, es precisamente por que después de todo este tiempo, mi manera de ver la lactancia ha cambiado. Después de leer innumerables foros, con testimonios de diversas mujeres de varios países, hizo que entienda que cada experiencia es única,  pero que hay un sólo motivo que nos mueve, el amor por nuestros hijos y las ganas de hacer las cosas lo mejor posible. Cada una de estas madres merece respeto y apoyo.

Existe aun mucha ignorancia en el tema y poco soporte a las madres que queremos entrar en esta carrera de largo aliento. Aún me siento criticada y observada, como si alguien estuviera esperando a que cometa el menor error para decirme: "era más fácil darle fórmula", en un ánimo de no sentir su modo de crianza criticado con mi actitud "lactivista". También, precisamente para no ofender a nadie y que nadie salga herido, he tratado de cuidar todas y cada una de las palabras y expresiones que he utilizado en este post.
Sigo creyendo que es una decisión, por tanto, nada de lo que he hecho es un sacrificio. Creo que lo que las madres hacemos no son sacrificios, son solo acciones que nos tocan. Si decido ser madre, decido criar a una persona y quitar de mi vida ciertas actitudes e incluir otras que beneficiarán mi maternidad. Si elijo la lactancia, pues me toca pasar por todo lo que arriba cuento, y lo hago con cariño y pensando que es lo mejor para ella.
La siguiente vez trataría de sentirme más libre y de no ponerme metas, tal vez sienta menos miedo, o mis temores en el siguiente sean los mismos. Eso ahora no lo sé. Tuve suerte de encontrar apoyo en mi Boni, mi esposo, el principal apoyo en toda esta aventura y el mejor padre que pude darle a mi hija. Él aprendió a descongelar la leche y darle el biberón a Rafaella y se sopló las malas noches mientras yo estaba de viaje. No mencionarlo en este post sería injusto.

Por lo pronto, a pesar de dormir poco, todas las noches Rafita y yo tenemos una cita. El mejor momento del día es cuando las dos estamos en pijamas y echadas en la cama, ella tomando su leche y yo viéndola y descansando. A veces nos quedamos dormidas juntas, a veces ella se queda despierta un rato más, jugando o "conversando" conmigo. Duermo en una ranura de mi cama, ella se ocupa todo el espacio, a veces me tira patadas o manazos. Nuestra vida cambió a raíz de ella, pero esta vida no la cambiamos por nada.


Si te perdiste los anteriores:

Pensamientos Embarazosos I: Embarazo
Pensamientos Embarazosos II: El Parto























jueves, 6 de junio de 2013

Pensamientos Embarazosos II : El Parto

El hecho de tener a una personita dentro, ya era bastante como para imaginarme cómo sería sacarla de ahí y que nadie salga herido en el intento.

Llegué tranquila a las 39 semanas. Luego de los angustiadores tres primeros meses, lo que siguió fue bastante tranquilo. De lo único que me puedo quejar de esa etapa fue la artritis que no me dejaba caminar mucho (sí, a las embarazadas nos da artritis, que así como viene, se va. La mía duró hasta el quinto mes post parto). 

Eran semanas lindas, preparando el cuarto de Rafaella, comprando su ropa, terminando su scrapbook y esperándola con mucha ilusión.

Astor custodiando la ropa de hermana menor
Foto: Rociolv

Papá y gato pintando el cuarto de Rafaella
Foto: Lita Chueca

Mi parto estaba programado para un 15 de noviembre. Hasta mi última cita mensual, en quincena de octubre, Rafaella estaba colocada correctamente (coronada) y no tenía "circulares" (el cordón umbilical alrededor del cuello). Según el doctor, mi parto podía adelantarse porque mi cuello uterino "había empezado a madurar". Yo quería trabajar hasta el último momento para que mi periodo post parto en casa sea más duradero, pero con esa noticia, tuve que pedir rápidamente mi licencia por maternidad para fines de octubre. En la siguiente cita con el doctor, él notó que mi cuello uterino no había madurado un centímetro más desde la última revisión. Debo decir que eso me frustró un poco.

Aprendiendo a respirar
Foto: Luis Morelli (Boni)
Para esas fechas ya había terminado mi taller de psicoprofilaxis y había aprendido las técnicas de relajación y de respiración para cuando vengan las contracciones y cómo reconocer los signos de parto. Nos dijeron a todas que el parto era nuestro y que tratáramos en lo posible de evitar cualquier intervención (cesárea) innecesaria y que tratemos de recibir al bebé lo más pronto posible en nuestro pecho y de ser posible dejarlos que lacte el calostro. De esta manera, reducimos el stress del nacimiento en un bebé y la angustia que puedan sentir después de estar en un medio líquido, cálido, oscuro y tranquilo, escuchando los latidos del corazón de mamá y sus ruidos gástricos para luego pasar a un medio seco, iluminado, ruidoso, sucio y donde el latido de mamá ni su voz  están cerca. Nos decían por eso que impidamos que se lleven a nuestros hijos a la sala de bebés inmediatamente y que tratemos la primera noche pasarla junto a ellos, acurrucándolos y amamantándolos. A todo esto se le llama crianza con apego. Yo sabía que quería eso para mi hija.

No estaba segura si deseaba o no que me coloquen anestesia epidural. Había oído historias de madres que tuvieron un parto realmente natural y decían que dolía mucho, pero que ese dolor se iba cuando salía el bebé. No me asustaba el dolor, me asustaba la idea de cómo un ser de más de tres kilos iba a salir por un canal tan pequeño.

Bueno, con todo ese conocimiento y con esas dudas, una noche, una semanas antes de parir, me vinieron las llamadas "contracciones de ensayo" y no hice más que ponerme nerviosa, traté de tranquilizarme y creo que lo logré cuando me dormí unas dos horas después. Boni me ayudaba a llevar la cuenta y eran contracciones sin ritmo y sin una frecuencia constante. Llamé al doctor al día siguiente y me dijo que no tenía porque preocuparme aún.

El 13 de noviembre tuve mi cita de la semana 40. Las citas semanales anteriores indicaban que todo seguía igual, que mi cuello uterino estaba más verde que un limón. El resultado de esa cita no fue distinto. El doctor me dijo lo siguiente: "flaca, no me gusta que mis pacientes lleguen a más de las 40 semanas, pero es tu decisión. Yo te recomendaría internarte hoy día para tratar de inducir la maduración de tu cuello y ver que pasa"  El motivo de no querer pasar de la semana 40 es que la placenta (que alimenta y oxigena al bebé) se envejece, es decir, se calcifica y no es una placenta óptima ya que no oxigena bien al bebé. Yo no quería que mi hija corra riesgos, asi que esa noche fuimos, Boni y yo, a la casa y recogimos nuestras cosas (mías y de Rafaella) que ya estaban perfectamente listas y fuimos a internarnos a la clínica. Cada médico tiene su propio criterio y yo confío plenamente en el criterio del mío. Yo no quería esperar a "ver que pasaba" una semana más, no quería que por esperar, luego me digan que tenían que practicarme una cesárea.

No avisamos a nadie, sólo lo sabía mi suegra que estaba en la casa en ese momento. Boni y yo ya habíamos tomado la decisión de hacerlo así. No queríamos el cuarto de la clínica lleno de gente. Si una personita tan chiquita y confundida acababa de llegar, lo mínimo que podíamos hacer, era darle un lugar cálido y silencioso y  yo, que había optado por la lactancia materna exclusiva, como primeriza, necesitaba privacidad. Conociéndonos, ambos los preferimos así y por eso comunicamos días antes a nuestros padres y amigos más cercanos que avisaríamos horas después del nacimiento, no inmediatamente y que preferíamos que fueran a la clínica, de ser posible, al día siguiente. Queríamos estar solos, los tres, juntos como familia, en privado en ese momento en que trajeran a Rafaella al cuarto y que empezáramos a conocernos. Algunos no lo entendieron y hasta caras largas me pusieron, pero bueno, pensé que si me querían, iban a respetar nuestra decisión. Habrá a quienes les encantaría tener a toda la familia en el cuarto, pero a mi no, me abrumaría en vez de sentirme feliz.

Esa noche en la clínica, después del famoso enema,  me colocaron un medicamento para mi cuello uterino y me dijeron que duerma, así que dormí. A la mañana siguiente, fueron a revisarme a las ocho de la mañana y ya había dilatado, sí, el medicamento hizo efecto. En ese momento, me pusieron otro medicamento para inducir las contracciones. En menos de dos horas yo ya había dilatado a tres. Las contracciones eran realmente insoportables y tuve que pedir la epidural a gritos. Las contracciones inducidas son mucho más severas que las naturales. El efecto de la anestesia se iba muy pronto y tuvieron que ponerme hasta tres dosis en menos de tres horas. A las once de la mañana "rompo fuente" y ya había llegado a ocho de dilatación. Al medio día, la cabeza de Rafaella se dejaba ver después de dos pujadas y ya estaba en diez. Mi trabajo de parto fue bastante corto. Boni iba a estar presente en el nacimiento. El momento había llegado.

Hola, soy tu mamá, no hay por qué llorar.
Foto: Luis Morelli (Boni)
Me trasladaron a sala de partos y luego de tres pujadas indoloras, a las 12:21 p.m., de un 14 de noviembre del 2012, Rafaella vio la luz del mundo por primera vez. Todo fue tan rápido que sólo derramé tres lágrimas. Ella lloraba muy fuerte y mientras la atendían yo sólo quería que esté sana y completa. A los pocos minutos la trajeron conmigo, su carita estaba hinchada y lloraba reclamando a su mamá, no dándose cuenta que era su mamá quien ahora la cargaba. Me reconoció luego de unos minutos y se calmó. Se la llevaron casi dos horas a la sala de bebés, mientras terminaban de atenderme, expulsaba la placenta, suturaban la episiotomía que me practicaron y frenaban alguna pequeña hemorragia que pudo suscitarse. Hubiera querido quedarme con ella todo ese tiempo, pero estaba demasiado eufórica y anonadada por no decir "estúpida" por el milagro que acababa de ocurrir como para siquiera pedirlo.

Cuando llevaron a Rafaella a mi cuarto, ya cambiada y serena, la amé con todo mi corazón y agradecí realmente estar sola, quería ese momento solo para las dos. Sólo faltaba Boni que fue a casa a bañarse.  Cuando estuvimos los tres juntos, la felicidad fue completa. Eramos tres enamorados mirándose por primera vez. Es necesario estar a solas en esos momentos.

Estoy de acuerdo con los partos naturales. Hubiera querido no tener que necesitar epidural porque deseaba aguantar el dolor hasta donde pudiera, pero éste era tan intenso, que no tuve alternativa. Hubiera querido que mi necio cuello uterino madure por si mismo, para que mis contracciones sean naturales, pero nunca lo hizo. Era decidir eso, o esperar una semana más, sabiendo lo que podría pasar o en el caso final, una cesárea (que no estaba en mis planes). Yo quería luchar hasta el final por un parto lo más natural posible.
Estoy de acuerdo también con parir en sitios donde respeten tu parto o parir bajo el agua, con los partos privados y respetuosos de la vida de ambos seres que lo protagonizan, pero con lo que no estoy de acuerdo es que esos sitios no están dentro de una clínica u hospital (al menos en Perú). Quienes promueven este tipo de nacimientos, están en desacuerdo con el parto en las clínicas porque hay demasiada manipulación del recién nacido y no dejan que forme con la madre los vínculos inmediatos para desarrollar el apego. Algo que olvidan, es que muchas muertes se evitan al parir en una clínica. El solo hecho de estar conectada a una vía endovenosa y tener una Unidad de Cuidados Intensivos cerca, te da la seguridad que ante alguna distocia que merite una cesárea de emergencia, hemorragia, descompensación, falta de respiración del bebé o algo peor, puedas recibir atención médica inmediata. En esos momentos, los minutos son valiosos. Si das a luz en un sitio, por muy casa de nacimiento que sea (o hasta tu propia casa), y te ocurre una desgracia al momento del parto, el solo hecho de trasladarte o esperar la ambulancia, puede ser mortal. Esa es mi única objeción. Llámenme "maricona" o pesimista, yo prefiero llamarme precavida.  Mi madre, por ejemplo, cuando dio a luz a mi hermana mayor, tuvo una hemorragia muy severa y pudo morir si no recibía atención rápida. Si hubiera dado a luz en su casa, como lo hizo con mi hermano mayor, tal vez, yo no estaría escribiendo estas líneas. Hace poco escuchaba por la radio a Adelina Villalobos, obstetriz, que indicaba que la cantidad de muertes perinatales se habían reducido considerablemente gracias a la atención de partos en centros de salud. ¿Cómo no creerle a esta señora?.

¿Qué hacer entonces?  ¿Por qué no tener lo  mejor de los dos mundos? Todas las clínicas (no sólo la clínica "Cada Mujer"  - al menos es la que sé-) deberían ofrecer este tipo de partos (naturales) y así asegurar una buena atención en caso de alguna eventualidad. O ¿por qué no?, que estas casas de nacimiento tengan una unidad de primeros auxilios instalada. El resultado sería: madres más felices y relajadas y bebés menos intervenidos y felices y relajados como sus madres. Pero cuando no, yo, pensando en utopías. Quisiera que esta utopía sea alguna vez una realidad. El parto debe ser respetado sea donde sea que se realice.

Finalmente, en el momento de mi parto, con tanta emoción encima, me olvidé del momento en que el doctor debía cortar el cordón umbilical (tres minutos después del nacimiento), que Boni corte el cordón (no lo cortó), del apego (Rafaella estuvo casi dos horas en sala de bebés, lejos de mí) y de muchas otras cosas que te recomiendan. Aún asi, no cambio mi parto por nada, fue único, fue el momento en que conocí a Rafaella y fue nuestro e íntimo. Cuando estuvimos juntas, ella lactó el calostro instintivamente y desde ese momento el apego empezó, dos horas tarde, pero no importa. El apego continúa y ella recibirá siempre lo mejor de mí y de su papá. Si tengo otro bebé, tal vez lo haga distinto, ya tengo la primera experiencia. Una cosa es que te recomienden mil cosas o leas y veas mil cosas y otra es vivir para contarla. De repente me anime a parir bajo el agua y de hecho que trataría de tener contacto piel a piel lo más temprano posible con mi bebé y reclamaría algunos otros derechos que la primera vez no reclamé. Nadie nace sabiendo.

Rafaella y yo en pleno aprendizaje.
Foto: Viviana Ledesma

ACTUALIZAZIÓN AL 13-05-2018

Han pasado cinco años desde que parí a mi hija Rafaella y en todo esto tiempo he tenido muchas revelaciones y me ha costado darme cuenta que sufrí de violencia obstétrica, leve y asolapada porque me trataron muy bien, pero lo fue al final.
En ese momento no sabía que el cuerpo de la mujer está hecho para parir y que tenía que confiar en el proceso. No sabía que la medicina se ha adueñado de nuestros partos y los ha medicalizado al punto de que a la parturienta la tratan como a una enferma que no tiene voz ni es la protagonista.
No sabía que no debieron llevarse a mi hija.
Confié en el personal de salud más que en mi.
Han tenido que pasar años para poder sanar esto. He conversado con mi hija y le he pedido perdón.
Al tener a mi segunda hija, pude empoderarme, pude sentir esa fuerza, ese dolor que viene desde dentro y se transforma en luz. Pude reivindicar mi historia.



Si te interesó esta historia, puedes leer la previa:

Pensamientos Embarazosos I: Embarazo

y las que siguen...

Pensamientos Embarazosos III : La Lactancia








miércoles, 22 de mayo de 2013

Inmortales

Comenzaré desde el principio.
Boni y yo, siendo inmortales y decidiendo estar siempre juntos.
Foto: Walter Higueras 
Existe una canción de "Cementerio Club" llamada "Inmortales". Boni y yo la elegimos como parte de las canciones que acompañarían nuestro vídeo de matrimonio religioso en el año 2010. No analicé mucho la letra, es más, no entendía partes de ella. Me gustaba mucho la parte que dice: "...y es que somos inmortales y siempre estaremos juntos...". Y es que pienso que él y yo somos inmortales y que siempre estaremos juntos. 

Siempre he tenido la capacidad de analizar eventos y hechos. Creo firmemente que las cosas no suceden por casualidad, todo tiene un porqué en esta vida. Aprendí que de toda experiencia se aprende, mala o buena y que existe un conocimiento inherente al ser humano del cual nos valemos para saber cómo actuar en determinadas ocasiones. Ese conocimiento es parte de uno mismo, no necesitas libros para aprenderlo, pero no todos son conscientes de ello y es por eso que en el mundo hay un desequilibrio. Ese conocimiento te religa con la naturaleza, con tu esencia y te hace ser mejor persona, te perfecciona, te cura, te sana, te salva y te ayuda a salvar a otros y ayudarlos en su evolución. Existe la perfección del espíritu.

Ayer, mientras esperábamos abordar nuestro avión, Ricardo, un compañero de trabajo, me prestó un libro del cual ya había oído hablar hacía unos años. Este libro se llama "Muchas vidas, muchos maestros" de Brian Weiss. Siempre pensé en leerlo pero no había encontrado la oportunidad. Pensé que era otro de esos libros de auto ayuda o de algún vendedor de ilusiones.
Estábamos conversando acerca de cómo uno puede emprender un proyecto sin desesperarse en llegar a la meta, proponiéndose metas cortas y alcanzables para que cuando pase un tiempo, sin querer, has llegado a conseguir parte de tu meta. Creo que si te pones metas diarias, pensando en que hoy es hoy y mañana es mañana, se puede llegar lejos. Me preguntó quien me había enseñado eso y le dije que yo misma lo había aprendido. Comenzamos entonces a hablar acerca del conocimiento y refirió el libro de Brian Weiss, el cual tenía en su maletín y me lo dió para que lo lea en el avión de regreso a Lima.

Empecé a leer el libro ávidamente y fui encontrando muchas cosas que había leído en otros libros o eran parte del conocimiento del cual hablo líneas arriba. Este libro trata acerca de la experiencia única del psiquiatra Brian Weiss al realizar una terapia de hipnosis a una paciente, donde fue descubriendo mediante regresiones que tuvo otras vidas anteriores y cuales fueron los motivos de sus traumas actuales, pudiendo sanarla en esta vida. En el ínterin, ella fue "medium" de los "maestros", espíritus guías y más evolucionados que se encuentran en el plano espiritual, quienes a través de ella le fueron dando una serie de enseñanzas al psiquiatra. 
Al finalizar el capítulo 11, había escrita una frase que llamó mi atención: "...Somos inmortales. Siempre estaremos juntos...". En resumen, todos nos reencarnamos y vivimos infinitas vidas y vamos evolucionando en cada una de ellas y por eso somos inmortales, nunca morimos. En esa serie de reencarnaciones, nos encontramos con nuestros seres queridos en nuestras diversas vidas, pero con diferentes papeles, por eso siempre estaremos juntos. Recordé inmediatamente la canción de "Cementerio Club" y puedo estar casi segura que Pepe Arbulú ha leído este libro. De pronto la canción comenzó a tener sentido.

Hola, nos volvemos a encontrar,
dime, tienes algo que contar
y es que el tiempo ha curado,  las heridas del pasado...

...sabes que el mundo no tiene fin,
llegas para volverte a ir
y es que somos inmortales
y siempre estaremos juntos
ya no debemos morir...

...yo siento que me vuelvo a enamorar, cuando tus manos soledad...

...pronto habrá otra vez que partir, donde nunca nadie  quiere ir,
y es que somos vagabundos, no tenemos ningún rumbo,
sólo sabemos vivir,

...ahora se que me vuelvo a enamorar, eterna compañera soledad...

...cuantas veces debemos morir...

No me equivoqué en elegirla para nosotros. Ya desde que leí "La Ley del Amor" de Laura Esquivel, creí que había un pedazo de mi alma regado por el mundo y que algún día nos reencontraríamos. Ahora que estamos juntos, me pongo a pensar cómo habremos sido en vidas pasadas, de repente él fue mi madre o mi esposo. Pienso en mi hija y seguro ella estuvo conmigo, dándome todo su amor que ahora en esta vida yo le devolveré. Porque de ahí viene el karma. Lo que hiciste en una vida pasada, lo vuelves a vivir en esta, de otra forma, como una segunda oportunidad. Aprendes de vida en vida y te perfeccionas.


Hoy por la mañana, ya en la oficina, enciendo la radio y escucho "Inmortales", canción poco emitida por las emisoras locales, pero emitida esta vez para mí. Abrí mi blog. Se cerró el círculo.
Nada ocurre porque si.



                                                             
               

jueves, 18 de abril de 2013

Boni sin arrugas

Foto: Rocio Orosco La Vera

Lo vi. Bajando del cerro Casuarinas por la avenida del mismo nombre, casi a la altura del club de la PIP. Lucía diferente de como lo recordaba, bastante más delgado, tal vez tenía más cabello, siempre ensortijado pero ni una sola cana. Su rostro no tenía las líneas de expresión de cuando lo conocí. Siempre me preguntaba porque no llegué antes a su vida para no mirarlas y ahora sin quererlo veía su rostro sin una de ellas.

No me vio. 

Caminé detrás de él, sin hacer ruido para no despertar sospechas. Seguí su camino por la avenida Casuarinas hasta llegar a la Panamericana Sur. Conservaba su forma de caminar, era inconfundible.
El día anterior habíamos estado juntos y hoy era una persona diferente, incluso parecía menor que yo. Tenía una mochila en la espalda y uniforme escolar, recién me percataba de eso. Me dieron ganas de correr y abrazarlo, pedirle una explicación, pero preferí continuar.

Una vez en la Panamericana Sur, subió a un ómnibus que tomaba la ruta hacia el norte, tomé el mismo bus y me quedé observándolo desde el asiento de atrás. Estaba parado y sujeto del pasamano, de vez en cuando cerraba los ojos como si tuviera sueño, por un momento sentí que me miró pero no me reconoció. Continué observándolo, tratando de averiguar qué pensaba, a donde iría, que hacía tan lejos de casa. De pronto dijo: Bajo en Angamos.

Bajé detrás y lo seguí hasta el siguiente paradero, tomó otro ómnibus con dirección a Miraflores y esta vez me senté detrás de él. El ómnibus estaba vacío. Al tenerlo tan cerca no pude resistirme a acercarme a él y sentir su olor, era el mismo. Todos tenemos un olor que nos identifica y el de él, para mí, era inconfundible. Cerré los ojos y  la nostalgia de nuestros días me invadió por completo. No terminaba de recordar cuando de pronto volvió a decir: Bajo en Arequipa.

Continué caminando pacientemente, con cautela, no debía notar mi presencia. Caminamos dos cuadras hasta llegar a una esquina, a lo que parecía ser un colegio (si estaba con uniforme escolar, no había otro lugar al que pudiera ir a esas horas de la mañana). Entró y para no levantar sospechas me quede afuera esperando. Me imaginé que las horas parecerían interminables mientras esperaba, quería que sean las dos de la tarde de una vez (consulté al conserje sobre la hora de salida). Caminé por la avenida Arequipa hasta llegar al óvalo, vi el león de los Rotarios a la derecha, la tiendecita blanca a la izquierda. Seguí hasta el parque Kennedy y me senté en una de las bancas. Comí una butifarra. Trate de no pensar en nada. Miré mi reloj y eran la una y media. No entendí porque el tiempo pasó tan rápido, y no iba a cuestionármelo en ese momento. Corrí lo más rápido que pude y en ese corto tiempo que me quedaba decidí hablarle.

Me detuve en la puerta de salida y vi como uno tras otro salían, hasta que él salió. Me paré frente a él para ver su reacción. Parecía no inmutarse y me miraba con preocupación. ¿Acaso no me reconoces?, soy yo, Rocío, tu chiquita, le dije en un tono desesperado.

Dijo no conocerme, nunca haberme visto en su vida, que estaba loca, que lo dejara en paz. Sus palabras exactas fueron: sal de acá (acompañados de un ademán con la mano). 
A medida que escuchaba todas y cada una de sus palabras como un eco en mi cabeza, sentí cómo poco a poco me iba desvaneciendo y cómo las lagrimas se me salían de los ojos, le pedía que por favor, por favor…
De pronto cogió mis hombros y comenzó a sacudirme. Rocío, chiquita, ¡Qué tienes!, ¡Despierta!. Abrí los ojos y ahí estaba él, mirándome, con todas sus arrugas en el rostro, no le faltaba ni una, su cabello entrecano pero aun ensortijado, ya no tan delgado como lo vi hacía unos minutos. Miré alrededor y reconocí mi habitación. Ay chiquita, me dijo, seguro has tenido uno de esos sueños raros que siempre tienes, me secó las lagrimas con sus manos y me abrazó.

Lima, julio del 2009

lunes, 1 de abril de 2013

All I need is the air that I breath

Sometimes...

Una mañana de domingo Pachelli me despierta con esta canción. No fue dedicada específicamente a mi, pero abrí los ojos y fue lo primero que escuché. Sentí bonito en el corazón. Miraba fijo a Pachelli. Él continuaba ordenando sus discos. Eran días en los que la música era frecuente en nuestro cuarto los domingos por la mañana.

"The air that I breath" - The Hollies


Años después, pocos días antes del 21 de diciembre del 2012 (pronosticado fin del mundo por los Mayas), me encontraba con mi hija casi recién nacida viendo "Seeking a friend for the end of the world" ("Buscando un amigo para el fin del mundo"). Me quedé dormida. Minutos después, despierto con la misma melodía de hace unos años, veo una escena en el televisor, volteo, mi hija está durmiendo a mi lado. Sentí lo mismo en el corazón que aquella vez.

El 20 de diciembre del 2012, me acosté tarde, dejé muchas velas en el camino, aseguré mi casa y mientras arropaba a  Pachelli y a mi hija, no podía dejar de pensar en esta canción y en la escena que vi cuando me desperté.

Ahora lo único que necesito, aparte del aire que respiro, son él y ella.

Ésta es la escena en que me despierto, el 1:31 minutos.


Trailer


A veces existen coincidencias que quedarán como gratos recuerdos.

Sometimes....

domingo, 28 de noviembre de 2010

Del porqué


Bien podría quedarme con la boca cerrada y ver la vida pasar por mi costado (inmutable). Pero no. Bien podría llorar o gritar, tal vez pegar o dibujar, cortar y pegar, editar, delete and format. Pero no. Preferí escribir y cuando puedo, tomo fotos.

En estos momentos tengo treinta años (veintinueve mas uno, en realidad), vivo en Lima la gris, la horrible, "lacomolaquierasllamar". Tengo dos padres (hay quienes tienen tres), dos hermanos (no puedo decir que tengo seis, porque son dos con los que me críe, a los que quise y a los que querré), un esposo (y espero que sea así siempre, "foreverandever") y un hijo peludo ante quien me rendí (razón tal vez de este blog).

He llegado a la conclusión de que soy solitaria y me cuesta abrazar. Sólo (lo siento RALE, no puedo quitarle la tilde al adverbio "Sólo") abrazo a Luis Morelli (Pachelli de aqui en adelante) y a Astor (el hijo peludo) a mi antojo aunque a veces ambos se me escurran. Tal vez mi madre no se escurriría de mis abrazos, pero me cuesta mucho abrazarla. A veces cuando estoy sentada con ella, me imagino saliendo de mi cuerpo y yendo a abrazarla mucho, pero cuando vuelvo en mí, sigo sentada en el sillón sin moverme.

Tampoco desarrollé lazos con mi persona especial en la vida. La mayoría de las chicas de mi edad tienen una mejor amiga a la que han cultivado, a veces desde la niñez, otras desde la adolescencia, y asi sucesivamente, pero yo no. Esto no quiere decir que no tenga excelentes amigas a quienes he ido "recolectando" a través de los años (ese es mi método: la recolección) y con cada una tengo una relación especial. Tengo varias mejores amigas, pero no LA mejor amiga (título ganado por excelencia).

Creo que esto de los abrazos y lo de la mejor amiga guardan cierta relación en mi modo de relacionarme con las personas.

Escribo desde que tengo conciencia de hacerlo.

Empecé a las 10 años cuando mi tía Martha me regaló un diario y seguí con otro diario que mis tios Coco y Lia me dieron en otro cumpleaños. Estos diarios, y uno más que no recuerdo cómo llegó a mis manos, se llenaron de los avatares de una adolescente melosa y soñadora (aunque deteste esta palabra aplicada a mí) que se moría por Gabriel Omar Batistuta y que soñaba que en el año 2001 caminaría por una pasarela del Prêt à Porter, donde él la vería (obvio) y se enamoraría de ella (¡obvio!). Nunca fui modelo y con el paso de los años me olvide de Gabo (asi lo llamaba), a lo mucho llegué a ser Miss Veterinaria 98-II, ganando por ocho votos contra tres de los once gatos que habían en el salón ese día (ser limeña en provincia a veces tiene sus ventajas).

Ya cuando estaba en mis últimos años de colegio, cambié el sueño europeo por algo más cercano, pero aun lejano para mi. Llené lo que quedó de mi último diario con mis historias del CIVIME, y cómo todas las noches esperaba el bus que traía a los cadetes de la EMCH, buscando al que me gustaba, al que según yo (nuevamente) lo vi bajando entre nubes del segundo piso del instituto, a ritmo de campañitas y que se parecía a Christian Meier. Estos escritos duraron cinco años, entre noches en mi cuarto y visitas al malecón durante la tarde, esperando el sunset, y pareciendo una casi suicida, razón por la cual una vez un vigilante del parque María Reiche se me acercó a decirme que la vida era linda. Y tenía razón, la vida es linda (Life is beautiful).

En el año 2000, con el cambio de siglo, mi vida se partió en dos (Antes de y Despues de). Me olvidé del gemelo de Christian Meier (al que sólo -sorry RALE, again- le dije hola una vez en mi vida) y empecé a estudiar la carrera que me está dando de comer hasta el momento.

Mis diarios se mudaron a un cuaderno y de ahi a hojas sueltas hasta que en el 2001 dejé de escribir. No los he vuelto a leer desde hace algunos años.

Volví a escribir cuando ocurrió el segundo cisma en mi vida adulta. Asimilé que (como me dijo Cathy) el principe(s) azul (es) se destiñe(n) a la primera lavada. A cocachos tuve que aprender que aun faltaban muchas cosas por remendar en mi vida y bastante ropa que lavar. Fui a terapia y ahi fue donde tuve que escribir lo que me ocurría a diario, mis expectativas, lo que quería de mi vida y todo lo que me viniera a la mente. Fue una experiencia sanadora y necesaria. Lastimosamente esos escritos quedaron en el consultorio, pero no me arrepiento, porque hablan de cosas que es mejor que queden en el olvido. Sólo (ay RALE) los rescataría por fines netamente didácticos. Comprendí que primero estoy yo y fui capaz de reconocer qué quiero y qué no.

Cuando estuve sana conoci a Pachelli, con quien he sellado un pacto que va más allá de la muerte. Él no sólo (je) es mi amor, es mi amigo, mi amante, mi complice y a veces mi dolor de cabeza (¿Por qué no?). Si uno es todo para otra persona, es lo bueno, lo malo y lo feo. Pero siempre lo bueno es lo más bonito.

Estos últimos años he vuelto a escribir a causa de Los Mudos y por eso, les estaré eternamente agradecida.

No es el primer blog que tengo.

En realidad empecé en el 2005, pero nunca le di mucha fuerza. Espero que éste, como dice mi info, sea mi revancha.

Revancha hacia mi misma, perdonándome el poco valor que tuve para marcar "Literatura" en vez de "Medicina Humana" cuando postulé a la Decana de América. Asimilando que no tuve el tiempo, dinero, decisión para hacer lo que me llena. Seguiré en esa búsqueda hasta que diga: Aquí me quedo, como cuando conocí a Pachelli.

Creo que es suficiente.

Sólo (hola RALE) por hoy.