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La vida es un cambio constante, solo queda adaptarte.



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martes, 4 de febrero de 2014

Soy un gato

El domingo, después de mucha postergación, finalmente nos decidimos a echar la primera mano de pintura blanca sobre esa pared terracota que nos acompañó desde nuestros primeros años en el departamento donde actualmente vivimos. Ya el color, si bien me gustará siempre, había cumplido su ciclo y así cómo algunos cuadros que sacaremos y algunos muebles que cambiemos de lugar, el color terracota se fue, dando paso a un lienzo blanco que no sólo iluminará mi departamento, sino que le dará nuevos aires y un aspecto distinto. 
Ayer, tocaba desocupar el librero, y viendo entre mis libros, llegué a la conclusión de que tengo varios acerca de gatos, pero hay cuatro en especial que guardo con cariño y que sin querer, están relacionados entre si.

En alguna de mis visitas a Crisol, compré un libro titulado "Alma de Gato", escrito por Ruth Berger, que recopila 78 historias entre humanos y gatos.


Alma de Gato - Ruth Berger

Dentro de todas las historias, hubo una que captó mi atención en particular y es la que habla acerca del escritor español Fernando Sánchez Dragó y de su gato Soseki. Soseki era un gato famoso en España y cuando falleció, no solo Sánchez Dragó lo lloró, El artículo "Mortal y Tigre", salió en la Sección Cultural de la edición impresa del diario español "El Mundo".
Quien tiene la dicha de vivir con un gato, sabe que tienen algo de terrenales y algo de divinos. Su sola presencia inspira y con sólo un maullido, pueden hacer que hasta el más recio delos humanos caiga rendido a sus pies. Viven rodeados de magia. 


Fernando y Soseki.


Dentro de quienes se sumaron al pésame colectivo, estuvo Antonio Burgos, escritor español creador de "Gatos sin Fronteras" y "Alegatos de Gatos". Gatos sin fronteras es otro de mis preciados libros, que si bien es de mi suegra (otra gatera empedernida), igual está en el librero para quien lo quiera leer (y ya estaba en él antes de leer el pésame).
Gatos sin fronteras, narra la historia de Remo, una gato romano y callejero que se apoderó de la vida de Antonio Burgos, tal cual lo hacen todos los gatos. Los gatos no tienen fronteras...El libro es más que tierno.

Gatos sin fronteras - Antonio Burgos

Volviendo a Soseki. Soseki debe su nombre a un escritor japonés llamado Natsume Soseki (Soseki era en realidad su seudónimo). Soseki fue autor del libro "Soy un Gato" o "Yo, el gato", dependiendo de la editorial.  Natsume Soseki, es uno de los escritores japoneses más reconocidos, que hubiera pasado desapercibido para mí si no hubiera leído el primer libro. En realidad, Alma de gato, es el libro que desencadena toda esta serie de descubrimientos.

En el año 2011 fui a la Feria del Libro de Lima, que se llevó a cabo por primera vez en Jesús María. Generalmente no voy a las ferias a buscar algo en especial, sino a ver qué encuentro. Casi a la entrada, estaba el stand de Crisol. No muy lejos de mi alcance, estaba un libro con un gato en la portada (tengo un radar desarrollado para captar elementos gatunos), me acerco y era precisamente Soy un gato, de Natsume Soseki. El libro me miraba, diciéndome, aquí estoy y te esperaba. Lo sostuve en mis manos, cual trofeo de guerra y como niña en Navidad fui a la caja a pagarlo. El libro trata acerca de la sociedad Meiji de fines de siglo XIX, comienzos del XX, vista desde los ojos de un gato. 

No es cierto que los gatos nunca se rían. Los seres humanos se equivocan al pensar que son las únicas criaturas capaces de hacerlo. Cuando me río, los orificios nasales se me ponen triangulares y la nuez me tiembla. Pero mis amos parecen no darse cuenta. 

Soy un gato - Natsume Soseki



 Tanto me gustó este libro, que una imagen de la carátula decora mi sala.

El cuarto libro, se llama "Donde los gatos meditan" de David Baird y me lo regalo Viviana, así por así y porque le dio el gusto (creo que fue porque el gato de la portada se parece a Astor) .



En realidad es un libro recopilatorio de frases célebres y fotos de gatos, que lleva precisamente a la paz, meditación y a sentirte mejor.
Dentro de las frases, no podían faltar las de Natsume Soseki, y una de ellas, tal vez la que más me gusta es un Haiku (un tipo de poesía japonesa), no sólo por su ternura, sino por su simpleza.

"La piedras del fondo
parecen mover
el agua clara"


Estos cuatro libros se encuentran entrelazados uno con el otro sin quererlo.
Los guiños que la vida me da, no sólo me sirven para confirmar que no estoy sola en este mundo, que soy parte de él y que la vida es un círculo que se mueve como el agua del Haiku y que basta con abrir los ojos para saber identificar esos guiños. La paz que se siente, es infinita. 

Y todo gracias, a unos cuantos recuerdos que almacena mi memoria y a un balde de pintura que decidió que era bueno darle uso.


lunes, 13 de mayo de 2013

Along came Astor

Foto: Rociolv

Llegó a mi casa una noche de invierno, un viernes, con la sorpresa de quien nada espera, solo un fin de semana de descanso. Allí estaba él, con sus cuatrocientos gramos a cuestas y aun con los pelos de barriga de su mamá, asustado, tembloroso y con muchas dudas acerca de su nuevo paradero. Lo vi y fue amor a primera vista. Boni lo tenía escondido en el cuarto de Lita y sólo lo llevó conmigo cuando estuvo seguro de que yo no sospechaba nada. Allí estaba, blanco y negro como lo había visto en las fotos, tan indefenso y aturdido, apenas cabía en mis manos. Olía aun a recién nacido, pero estaba sucio porque el lugar de donde venía no era el más pulcro para un ser tan tierno y delicado como él. Lo adoré desde el principio y lo besé como al amor de mi vida.
Nos dirigimos rápidamente a la clínica veterinaria a buscar todo lo necesario para él; comida, arena, litera y espuma para baño en seco. Estaba listo para pasar la primera noche en casa.


Esa noche sería el inicio de una vida al servicio de un felino enano quien de manera muy fina y sutil hizo que dos humanos adultos sean nombrados sus fieles súbditos y sirvientes. Nuestra cama ya no fue nuestra sino suya; poco a poco fuimos desplazados a un rincón mientras el Rey Rojo tomaba posesión de su trono en la almohada desde donde nos obligaba a rendirle pleitesía, a llevarlo a su litera y luego limpiarle el poto a las tres de la madrugada. Hizo que padre y madre nos desveláramos por él con un solo maullido, poniendo atención en no aplastarlo mientras dormíamos.

El Rey Rojo era exigente e indiferente y sus padres respondíamos a esa indiferencia con mayor devoción y amor, esperando que tal vez de esa manera se digne dirigirnos una mirada.


Foto: Rocíolv
Los días pasaban y el Rey Rojo parecía ablandarse, pero como todo monarca, su graciosa majestad sabía dosificar sus momentos de atención hacia sus plebeyos padres.
Era ya casi una costumbre saludar a Boni por las mañanas con un trompazo en la nariz.
Subía por su pecho y acercaba su hocico a la cara de Boni, quien respondía con una caricia en su lomo y eso bastaba para que el chino se baje de la cama y le de un colazo en la cara, ignorándolo de nuevo como respuesta a su atrevimiento.

Conmigo él era más benevolente. Debido a mi insistencia, lo cargaba cada que vez que llegaba a la casa y él aparentemente emocionado me recibía dándome besos o mejor dicho lengüetazos en la cara. Poco duraba mi emoción ya que ni bien terminaba de saludarme, se escurría de mis brazos y volvía al piso. Esta rutina se repite todos los días.

Reycito Rojo vive en su mundo paralelo donde una bolsa parece ser el juguete más preciado y entretenido, donde el televisor es el lugar más caliente donde dormir por las tardes, donde una polilla es ideal para perseguirla y correr por toda la casa, donde el planchador puede ser el trono elegido por un Rey que no necesita de corona para serlo y donde mis brazos son el lugar ideal para afilar las garras y los colmillos, dejándome luego cual Cristo en Viernes Santo.

Reycito Rojo sigue buscando el menor rayo de sol para calentarse a pesar de ser otoño y por las mañanas olvida su linaje de sangre azul, desciende al llano y me despierta con su patita para pedirme que lo deje entrar entre las sábanas y acurrucarse entre mis piernas para seguir durmiendo caliente.

Foto: Rociolv

Desde que llegó Astor, mi vida no es la misma. Debo confesar que acepté de manera estoica las disposiciones del monarca que me obliga a darle de comer la mejor comida que existe y a estar pendiente de todos sus arrebatos, como por ejemplo dejarlo mirarme mientras me baño, solo porque le gusta el sonido del agua. Él a cambio me da una lamida cada vez que lo cargo y posa para cada foto que suelo tomarle, ya que como sus ancestro monarcas europeos, es un poco exhibicionista y fisgón.

Ahora está a mi lado, mirándome celoso, como cada vez que tengo la osadía de ignorarlo o cambiarlo por la laptop y el celular. Lo miro fijamente y trato de tocarlo, él se deja y cierra los ojos mientras lo acaricio y le rasco la cabeza Abre su hocico y me da un mordisquito. Después de todo, su alteza sí me quiere.

Lima, 2009