¿Qué es esto?


La vida es un cambio constante, solo queda adaptarte.



Mostrando entradas con la etiqueta sueños. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sueños. Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de mayo de 2017

11:11

11:11 Make a wish.

Dicen que si pides un deseo a los once minutos de las once horas, tu deseo se cumplirá. Es una hora mágica, de sincronía, donde tu conciencia despierta y se abren canales de conexión con lo divino (Dios o la deidad en que creas). Claro si es que ves la hora de manera casual, algunas veces porque tu intuición es quien se da cuenta y otras veces guiada por tus ángeles diciéndote que vas por buen camino (son esos guiños de la vida). Yo quiero creer que me pasaron las dos cosas. 

Desde mayo o junio del año pasado, veía el reloj a las 11:11. Me pasó una vez, luego dos. Entonces, pensé en pedir un deseo. 
Para esas fechas, tenía un par de proyectos personales en mente. Ambos de largo aliento y que demandarían toda mi energía si se concretaban. Lo malo es que los dos no podían darse a la misma vez. Tenía que elegir uno por encima del otro y el elegido sería mi deseo. 
Finalmente elegí el "proyecto" que hoy ocupa todo mi corazón (o parte de él porque lo comparte junto con su papá y su hermana). 

Elegí embarazarme. 

Ya habíamos conversado mi esposo y yo respecto a si tener o no otro hijo. Así que me pasé casi tres meses meditando y deseando tener otro hijo. Lo quería desde el fondo de mi corazón.
A pesar de eso, no estaba segura si era lo correcto, un hijo no es un juego, demanda tiempo, dedicación y porque no decirlo, dinero.
El tener un hijo aplazaría mi otro proyecto; pero si empezaba por mi otro proyecto, el tiempo pasaría y me haría mas vieja, menos paciente y la diferencia de edades entre mis hijos sería mayor. 

Y es así que entre dudas y devaneos, entre sueños e ilusiones, entre onces y onces, llegó julio.
Ese mes mi esposo me dijo que lo intentemos, así que lo intentamos.

Embarazarme la primera vez me demoró dos años, seis monitoreos ovulatorios, seis inyecciones de hormonas y una inseminación artificial, así que pensé que esta vez sería tan difícil como la anterior. 
Lo intentamos una vez y eso trajo a nuestra mente todo lo que vivimos para traer a Rafaella, nuestra hija mayor, y nos produjo mucho stress. Casi al unísono nos dijimos que no queríamos pasar por lo mismo y decidimos dejar de buscar. 
Mi sueño se vino abajo y la ilusión que tenía también. Me dolió la decisión pero comprendí que las cosas pasan o no pasan por algún motivo.

Aqui casual, decidiendo.


El 24 de agosto, y solo para salir de dudas y saber que podía seguir con mi vida normal sin hacer daño a nadie (mentira, secretamente deseaba estar embarazada), me hice un test y salió positivo. No lo podía creer.




Era increíble. Luego de haber sufrido tanto la primera vez, luego de tantas lágrimas, luego de tanto tiempo, esta vez que dijimos ya no, PUM se hizo realidad a la primera. Mi sueño se cumplió. Vera, mi segunda hija, ya estaba en mi vientre.



Yo tengo mi propia teoría: Vera, al ver que sus padres desistieron a los tres días de intentarlo y que ya no la buscarían más, agarró viaje apenas pudo y dijo "es ahora o nunca". Ella tenía que llegar, casi de sorpresa, muy puntual ella. 

Tenía una mezcla de emociones. Una alegría inmensa pero también mucho miedo y dudas por lo que vendría. Cómo lo tomaría Rafaella?,  Cómo nos organizaríamos?, Cómo haría con las malas noches y la lactancia de nuevo?, y el parto?, tendrían que inducirme de nuevo?, y los gastos?.
Sola me cuestionaba y luego sola me consolaba porque tenía respuesta para cada pregunta, solo que necesitaba hacerlas una y otra vez. Ya había pasado por todo eso, pero aun así me sentía primeriza.

Los primeros meses no fueron simples. Al momento de decidir, olvidé por completo que sufrí de hipermesis gravidarum en mi primer embarazo y que no la pasé bien, al contrario, la pasé muy mal. En este embarazo no fue diferente. 
A pesar de eso, pasaron muchas cosas durante este periodo que me hicieron dar cuenta que "you were meant to be", querida y soñada hijita...

...y en honor a eso, debiste llamarte "Eleven", así como el personaje de "Stranger Things".  













martes, 15 de octubre de 2013

Blue Dreams in an ocean blue

La mañana es azul, como el azul del alba colándose por la ventana y envolviendo los cuerpos que duermen esperando el amanecer.
La ballerina danza en la arena, moviendo su grácil figura al compás del sonido de las olas. Un sonido evocador, insistente, sordo.
Foto: Mario Silvania. 


Soledad.

Yo bailo en la arena, moviéndome etérea al compás de las olas, girando bajo la atmósfera azul, cuando aún los cuerpos duermen. Él toma fotografías.. Yo no paro de bailar. 


Despierto en mi cuarto azul.

La música suena a lo lejos, como un eco, bajito, sin fin y vacío.









jueves, 18 de abril de 2013

Boni sin arrugas

Foto: Rocio Orosco La Vera

Lo vi. Bajando del cerro Casuarinas por la avenida del mismo nombre, casi a la altura del club de la PIP. Lucía diferente de como lo recordaba, bastante más delgado, tal vez tenía más cabello, siempre ensortijado pero ni una sola cana. Su rostro no tenía las líneas de expresión de cuando lo conocí. Siempre me preguntaba porque no llegué antes a su vida para no mirarlas y ahora sin quererlo veía su rostro sin una de ellas.

No me vio. 

Caminé detrás de él, sin hacer ruido para no despertar sospechas. Seguí su camino por la avenida Casuarinas hasta llegar a la Panamericana Sur. Conservaba su forma de caminar, era inconfundible.
El día anterior habíamos estado juntos y hoy era una persona diferente, incluso parecía menor que yo. Tenía una mochila en la espalda y uniforme escolar, recién me percataba de eso. Me dieron ganas de correr y abrazarlo, pedirle una explicación, pero preferí continuar.

Una vez en la Panamericana Sur, subió a un ómnibus que tomaba la ruta hacia el norte, tomé el mismo bus y me quedé observándolo desde el asiento de atrás. Estaba parado y sujeto del pasamano, de vez en cuando cerraba los ojos como si tuviera sueño, por un momento sentí que me miró pero no me reconoció. Continué observándolo, tratando de averiguar qué pensaba, a donde iría, que hacía tan lejos de casa. De pronto dijo: Bajo en Angamos.

Bajé detrás y lo seguí hasta el siguiente paradero, tomó otro ómnibus con dirección a Miraflores y esta vez me senté detrás de él. El ómnibus estaba vacío. Al tenerlo tan cerca no pude resistirme a acercarme a él y sentir su olor, era el mismo. Todos tenemos un olor que nos identifica y el de él, para mí, era inconfundible. Cerré los ojos y  la nostalgia de nuestros días me invadió por completo. No terminaba de recordar cuando de pronto volvió a decir: Bajo en Arequipa.

Continué caminando pacientemente, con cautela, no debía notar mi presencia. Caminamos dos cuadras hasta llegar a una esquina, a lo que parecía ser un colegio (si estaba con uniforme escolar, no había otro lugar al que pudiera ir a esas horas de la mañana). Entró y para no levantar sospechas me quede afuera esperando. Me imaginé que las horas parecerían interminables mientras esperaba, quería que sean las dos de la tarde de una vez (consulté al conserje sobre la hora de salida). Caminé por la avenida Arequipa hasta llegar al óvalo, vi el león de los Rotarios a la derecha, la tiendecita blanca a la izquierda. Seguí hasta el parque Kennedy y me senté en una de las bancas. Comí una butifarra. Trate de no pensar en nada. Miré mi reloj y eran la una y media. No entendí porque el tiempo pasó tan rápido, y no iba a cuestionármelo en ese momento. Corrí lo más rápido que pude y en ese corto tiempo que me quedaba decidí hablarle.

Me detuve en la puerta de salida y vi como uno tras otro salían, hasta que él salió. Me paré frente a él para ver su reacción. Parecía no inmutarse y me miraba con preocupación. ¿Acaso no me reconoces?, soy yo, Rocío, tu chiquita, le dije en un tono desesperado.

Dijo no conocerme, nunca haberme visto en su vida, que estaba loca, que lo dejara en paz. Sus palabras exactas fueron: sal de acá (acompañados de un ademán con la mano). 
A medida que escuchaba todas y cada una de sus palabras como un eco en mi cabeza, sentí cómo poco a poco me iba desvaneciendo y cómo las lagrimas se me salían de los ojos, le pedía que por favor, por favor…
De pronto cogió mis hombros y comenzó a sacudirme. Rocío, chiquita, ¡Qué tienes!, ¡Despierta!. Abrí los ojos y ahí estaba él, mirándome, con todas sus arrugas en el rostro, no le faltaba ni una, su cabello entrecano pero aun ensortijado, ya no tan delgado como lo vi hacía unos minutos. Miré alrededor y reconocí mi habitación. Ay chiquita, me dijo, seguro has tenido uno de esos sueños raros que siempre tienes, me secó las lagrimas con sus manos y me abrazó.

Lima, julio del 2009

lunes, 1 de abril de 2013

All I need is the air that I breath

Sometimes...

Una mañana de domingo Pachelli me despierta con esta canción. No fue dedicada específicamente a mi, pero abrí los ojos y fue lo primero que escuché. Sentí bonito en el corazón. Miraba fijo a Pachelli. Él continuaba ordenando sus discos. Eran días en los que la música era frecuente en nuestro cuarto los domingos por la mañana.

"The air that I breath" - The Hollies


Años después, pocos días antes del 21 de diciembre del 2012 (pronosticado fin del mundo por los Mayas), me encontraba con mi hija casi recién nacida viendo "Seeking a friend for the end of the world" ("Buscando un amigo para el fin del mundo"). Me quedé dormida. Minutos después, despierto con la misma melodía de hace unos años, veo una escena en el televisor, volteo, mi hija está durmiendo a mi lado. Sentí lo mismo en el corazón que aquella vez.

El 20 de diciembre del 2012, me acosté tarde, dejé muchas velas en el camino, aseguré mi casa y mientras arropaba a  Pachelli y a mi hija, no podía dejar de pensar en esta canción y en la escena que vi cuando me desperté.

Ahora lo único que necesito, aparte del aire que respiro, son él y ella.

Ésta es la escena en que me despierto, el 1:31 minutos.


Trailer


A veces existen coincidencias que quedarán como gratos recuerdos.

Sometimes....