¿Qué es esto?


La vida es un cambio constante, solo queda adaptarte.



martes, 4 de febrero de 2014

Soy un gato

El domingo, después de mucha postergación, finalmente nos decidimos a echar la primera mano de pintura blanca sobre esa pared terracota que nos acompañó desde nuestros primeros años en el departamento donde actualmente vivimos. Ya el color, si bien me gustará siempre, había cumplido su ciclo y así cómo algunos cuadros que sacaremos y algunos muebles que cambiemos de lugar, el color terracota se fue, dando paso a un lienzo blanco que no sólo iluminará mi departamento, sino que le dará nuevos aires y un aspecto distinto. 
Ayer, tocaba desocupar el librero, y viendo entre mis libros, llegué a la conclusión de que tengo varios acerca de gatos, pero hay cuatro en especial que guardo con cariño y que sin querer, están relacionados entre si.

En alguna de mis visitas a Crisol, compré un libro titulado "Alma de Gato", escrito por Ruth Berger, que recopila 78 historias entre humanos y gatos.


Alma de Gato - Ruth Berger

Dentro de todas las historias, hubo una que captó mi atención en particular y es la que habla acerca del escritor español Fernando Sánchez Dragó y de su gato Soseki. Soseki era un gato famoso en España y cuando falleció, no solo Sánchez Dragó lo lloró, El artículo "Mortal y Tigre", salió en la Sección Cultural de la edición impresa del diario español "El Mundo".
Quien tiene la dicha de vivir con un gato, sabe que tienen algo de terrenales y algo de divinos. Su sola presencia inspira y con sólo un maullido, pueden hacer que hasta el más recio delos humanos caiga rendido a sus pies. Viven rodeados de magia. 


Fernando y Soseki.


Dentro de quienes se sumaron al pésame colectivo, estuvo Antonio Burgos, escritor español creador de "Gatos sin Fronteras" y "Alegatos de Gatos". Gatos sin fronteras es otro de mis preciados libros, que si bien es de mi suegra (otra gatera empedernida), igual está en el librero para quien lo quiera leer (y ya estaba en él antes de leer el pésame).
Gatos sin fronteras, narra la historia de Remo, una gato romano y callejero que se apoderó de la vida de Antonio Burgos, tal cual lo hacen todos los gatos. Los gatos no tienen fronteras...El libro es más que tierno.

Gatos sin fronteras - Antonio Burgos

Volviendo a Soseki. Soseki debe su nombre a un escritor japonés llamado Natsume Soseki (Soseki era en realidad su seudónimo). Soseki fue autor del libro "Soy un Gato" o "Yo, el gato", dependiendo de la editorial.  Natsume Soseki, es uno de los escritores japoneses más reconocidos, que hubiera pasado desapercibido para mí si no hubiera leído el primer libro. En realidad, Alma de gato, es el libro que desencadena toda esta serie de descubrimientos.

En el año 2011 fui a la Feria del Libro de Lima, que se llevó a cabo por primera vez en Jesús María. Generalmente no voy a las ferias a buscar algo en especial, sino a ver qué encuentro. Casi a la entrada, estaba el stand de Crisol. No muy lejos de mi alcance, estaba un libro con un gato en la portada (tengo un radar desarrollado para captar elementos gatunos), me acerco y era precisamente Soy un gato, de Natsume Soseki. El libro me miraba, diciéndome, aquí estoy y te esperaba. Lo sostuve en mis manos, cual trofeo de guerra y como niña en Navidad fui a la caja a pagarlo. El libro trata acerca de la sociedad Meiji de fines de siglo XIX, comienzos del XX, vista desde los ojos de un gato. 

No es cierto que los gatos nunca se rían. Los seres humanos se equivocan al pensar que son las únicas criaturas capaces de hacerlo. Cuando me río, los orificios nasales se me ponen triangulares y la nuez me tiembla. Pero mis amos parecen no darse cuenta. 

Soy un gato - Natsume Soseki



 Tanto me gustó este libro, que una imagen de la carátula decora mi sala.

El cuarto libro, se llama "Donde los gatos meditan" de David Baird y me lo regalo Viviana, así por así y porque le dio el gusto (creo que fue porque el gato de la portada se parece a Astor) .



En realidad es un libro recopilatorio de frases célebres y fotos de gatos, que lleva precisamente a la paz, meditación y a sentirte mejor.
Dentro de las frases, no podían faltar las de Natsume Soseki, y una de ellas, tal vez la que más me gusta es un Haiku (un tipo de poesía japonesa), no sólo por su ternura, sino por su simpleza.

"La piedras del fondo
parecen mover
el agua clara"


Estos cuatro libros se encuentran entrelazados uno con el otro sin quererlo.
Los guiños que la vida me da, no sólo me sirven para confirmar que no estoy sola en este mundo, que soy parte de él y que la vida es un círculo que se mueve como el agua del Haiku y que basta con abrir los ojos para saber identificar esos guiños. La paz que se siente, es infinita. 

Y todo gracias, a unos cuantos recuerdos que almacena mi memoria y a un balde de pintura que decidió que era bueno darle uso.


martes, 31 de diciembre de 2013

Filosoráptor volador

No quería dejar pasar el último día del año sin publicar algo. 
Recuerdo cuándo inicié este blog y la finalidad de su existencia no era para contar los hecho de mi vida de manera directa, sino más bien para volcar mi afición literaria. Finalmente terminó siendo una suerte de híbrido litero-catártico que utiliza un lenguaje más bien coloquial. No me disgusta del todo, pero tampoco me llega a satisfacer. Digamos que está bien. Por eso decidí que escribiría y publicaría en él lo que me plazca y cuando me plazca. 

Todos los años nuevos, pienso en poder tener la capacidad de viajar a velocidades supersónicas y vivir el último día del año más largo. Empezaría mi día en Kiribati (un grupo de islas en en Pacífico, al norte de Australia), lugar que recibe el año nuevo por primera vez, mientras exista, claro, porqué tiene peligro de hundirse y desaparecer debido al cambio climático. También podría ir a Samoa. Están muy cerca.
Luego, enrrumbaría a Nueva Zelanda, ahí mi día ya tendría veinticinco horas. El festejo continuaría. 
De ahí viene Sidney, en Australia, para ver el espectáculo de fuegos artificiales (Me imagino qué es legal, ¿no?). Y así comenzaría a recorrer el mundo, pasando por Tokyo, Bangkok, Abu Dabi, Moscú, Atenas, Berlín, Madrid, Londrés, Río de Janeiro, Buenos Aires, Santiago, Nueva York-Cuzco (estoy en duda), Mexico DF, La Vegas, Los Ángeles, y finalizaría en Hono Lulu (comienzo con playa y termino con playa), para finalmente descansar de un día de 48 horas (si no fallan los cálculos), que por un momento me pareció un día sin fin y es por que a veces no queremos que las cosas terminen. . 

Tortugas 2011 - Foto Luis Morelli


Como suele suceder siempre, al igual que cuando empecé este blog, tenía una idea para escribir en este post y finalmente salió otra. 
Las cosas a veces no salen cómo las planeas, pueden salir aún mejor. Es mejor a veces no cargar con mochilas pesadas y simplemente dejar que la imaginación vuele, eso ayuda a dejarlas ir. Es en esos momentos cuando se tiene un segundo de lucidez y todo parece más claro y sencillo. 

Ya quiero que llegue la tarde para poder dar mi último paseo del año por el malecón y mirar ese mar infinito que con su ir y venir trae buenas cosas y se lleva todo lo malo e imaginarme que al otro lado de ese mar ya es mañana y que aún me quedan a mi algunas horas para agradecer y disfrutar viendo los últimos rayos de sol del día que se va. No hay mejor forma de despedir/recibir un año.

Tortugas 2011 - Foto: Rociolv


Tortugas 2011- Foto: Rociolv




martes, 15 de octubre de 2013

Blue Dreams in an ocean blue

La mañana es azul, como el azul del alba colándose por la ventana y envolviendo los cuerpos que duermen esperando el amanecer.
La ballerina danza en la arena, moviendo su grácil figura al compás del sonido de las olas. Un sonido evocador, insistente, sordo.
Foto: Mario Silvania. 


Soledad.

Yo bailo en la arena, moviéndome etérea al compás de las olas, girando bajo la atmósfera azul, cuando aún los cuerpos duermen. Él toma fotografías.. Yo no paro de bailar. 


Despierto en mi cuarto azul.

La música suena a lo lejos, como un eco, bajito, sin fin y vacío.









viernes, 11 de octubre de 2013

Pensamientos Embarazosos III : La Lactancia

La lactancia no tendría porqué ser engorrosa, dolorosa o estresante. Si llega a serlo, busca un grupo de apoyo. Si después de intentarlo no puedes continuar, no te sientas mal. Hiciste todo lo que pudiste. Si desde un inicio  (por X motivos) la lactancia para ti es imposible,  no es necesario culparse por ello. Busca otros medios para generar lazos de amor con tu bebé. No permitas que nadie te culpe, te dañe o te señale con el dedo por no haberlo hecho. 

Nadie nace sabiendo, aunque hay cosas que se hacen por instinto y una de ella es la lactancia.
No quiero parecer una madre modelo o una super mamá ni hacer sentir mal a nadie. Lo único que pretendo con este relato, ya que es un tema algo controvertido, es compartir mi experiencia.  De repente a alguien le sirve.
Comentaba en mi publicación anterior de la seguidilla de Pensamientos Embarazosos, que decidí por la lactancia materna exclusiva.

Primero que nada, pienso que es una decisión y como toda decisión, debes hacer lo posible para cumplirla. Si luego no puedes, al menos lo intentaste.

Leche Materna vs. Fórmula 
Yo no sabía mucho del tema y la única relación con la lactancia que tuve fue ver a mi hermana mayor alimentar a mi sobrino por casi un año y eso ocurrió hace dieciséis años.
Al no saber mucho del tema, lo primero que hice fue informarme. Esto se lo diría a cualquier futura madre. Infórmate, lee, busca en internet. Hay demasiada información del tema. Filtra lo que te convenga y desecha lo que no sirva.
A mi me ayudó mucho la página de la liga de la leche, que es una agrupación sin fines de lucro que promueve la lactancia materna a nivel mundial.
No permitas que nadie desacredite tus ganas de amamantar. Nadie tiene el derecho de decirte que la leche materna no alimenta ni que necesitarás "de todas maneras" suplementar con fórmula, ya que eso no siempre es así. No escuches a esas personas, así la primera en decírtelo sea tu madre. Aléjate de malo comentarios y busca personas que te alienten.

Si después de leer esa información, de saber lo importante que es la leche materna versus una fórmula, del vínculo hermoso que se genera entre madre e hijo, de la practicidad de amamantar (no tendrás que preparar biberones a las tres de la madrugada, solo te levantas el polo y listo), del bajo costo y que la lactancia ayuda a bajar de peso y recuperar la figura, aún quieres cortar tu producción de leche desde un inicio y dar fórmula, pues es tu decisión. Pero, por favor, toma una decisión después de informarte.

Pensaba escribir esta publicación cuando mi hija cumpliera los seis meses de vida y ya casi tiene nueve. Yo empecé proponiéndome una meta final: llegar al año, varias metas cortas: mes a mes y una meta intermedia: los seis meses, ésta era la única manera de auto estimularme y de no sentirme derrotada. Luego aprendí que hiciera lo que hiciera y pase lo que pase, no tenía porqué sentirme culpable. (Nota: Mi hija está por cumplir un año y recién me animo a publicar este relato. Al final explicaré porqué).

La primera señal de alarma, luego de empezar la lactancia, la tuve a las pocas semanas de dar a luz. Rafaella lloraba y quería estar prendida de la teta todo el día. Me dijeron que mi leche no la saciaba, que necesitaba darle fórmula y yo sólo me sentía impotente y más estresada. No quise rendirme tan fácilmente y busqué información. Lo que mi hija tenía eran las llamadas "crisis de crecimiento", que ocurren cada cierto tiempo y se manifiestan con las ganas de lactante de estar todo el día prendidos de la teta de su mamá. Ocurre que en esos días crecen, por tanto, su requerimiento de leche es mayor. Al estar todo el día lactando, le dicen al cuerpo de la madre que produzca más leche, el cuerpo lo entiendo y comienza a producir más porque la producción de leche se basa en una ley de oferta y demanda: A mayor succión, mayor producción.

Primera lección aprendida: Si le hubiera dado fórmula, mi lactancia se hubiera visto arruinada.

Segunda lección aprendida: Las crisis de crecimiento ocurren y no hay porqué alarmarse. Aprovecha esos momentos de demanda del bebé para estar con él y dormir juntos.

A los pocos días mis pezones se enrojecieron y sentía mucho dolor. Aparentemente no estaba colocando muy bien a mi hija a la hora de lactar. No llegué a sangrar, pero sí a sentir un dolor muy intenso. Eso coincidió con que una mañana despierto con un dolor muy fuerte en un seno, como punzadas y con mucha congestión, sentía muchos bultos en el seno y estaba un poco caliente. Apareció en uno de mis pezones una perla de la leche  muy dolorosa. Llamé a una consulta en lactancia y me ayudó a usar una extractora de leche para saber si mis pezones estaban obstruidos, lo cual no era el caso. Luego vio como colocaba a mi hija al momento de lactar y era evidente que lo estaba haciendo mal. Me enseñó cómo hacerlo y el dolor desapareció. Luego de eso, me dio mastitis, tomé antibióticos y continué con la lactancia. Es ideal encontrar un médico que sea pro lactancia materna, sino, te dicen que restringas la lactancia y es ahí donde vienen los problemas. La succión del bebé ayuda mucho a sanar.

Tercer lección aprendida: La colocación del bebé es fundamental para evitar lastimarse los pezones y que esto sea un pretexto para interrumpir la lactancia.

Cuarta lección aprendida: La mastitis puede ser común durante la tercera y cuarta semana de lactancia. Puedes evitarla lavándote las manos antes de amamantar y haciendo que tu bebé succione frecuentemente. No dejas la lactancia aun tomando antibióticos. 

Este es uno de los "memes" que me auto adjudicaba para no
sentirme tan agobiaba a veces. A veces es mejor reírse de uno
mismo. 
No puedo ya ironizar de la manera cómo la hacía en mis primeros días de madre en lactancia. Recuerdo sentir no tener vida. Andaba greñuda y sin tiempo para peinarme, lavarme los dientes e inclusive bañarme. Si tenía unos minutos de descanso pues los utilizaba, sin dudarlo, en dormir. Me sentía una vaca lechera, tolón tolón y durante el primer mes y los que vinieron la pasé en pijama todo el día. Al inicio me preocupaba si todo estaba en orden, limpio y pulcro, luego me relajé y mi único interés era pasar el mayor tiempo posible con mi hija. El lactante materno exclusivo no tiene horarios, puede comer cada tres, cada dos o cada hora. El día es igual que la noche hasta que su organismo se regula a su vida extra uterina y la madre por esos días sólo se dedica al bebé y el resto de cosas pasan a segundo plano. Así transcurrían mis días, sintiendo que mi cuerpo no era mío (y hasta ahora lo siento).

Salí de esos problemas iniciales, pasé el primer mes y medio y ese era el tiempo en que mi producción se estandarizaba, conocía los hábitos de mi hija  e iba perdiendo el miedo a "no tener leche". Me sentía más confiada. Era momento de armar mi banco de leche, ya que debía retornar a trabajar en pocas semanas, por lo que desde ese momento en adelante, la extractora de leche, se convirtió en mi mejor amiga.

A partir de este punto comenzaron un sin número de experiencias que guardo con mucho cariño. Armar el banco de leche fue una tarea medianamente fácil. Llegué a juntar en un mes alrededor de tres litros de leche. Luego vendría el retorno al trabajo y con ello, hacer valer mi hora de lactancia y mi hora de lactario (que en mi caso lo tuve que improvisar porque por ley no me corresponde, pero sí por sentido común).
La relación con mi extractora de leche  ha sido un "Love Story" desde ese punto hasta el momento, con sus altas y bajas. A veces la veo y siento alivio, paz, comodidad y otras angustia, fastidio, flojera y no porque sea doloroso, ni nada de eso, sino porque realmente después de casi un año de extracción, me da flojera algunas veces lavar los utensilios, armar el equipo de extracción y todo lo que implica. Por eso, Doris o Boni me ayudan lavando los utensilios. Los días que no me extraigo, me siento culpable porque no dejé suficiente leche en mi banco. Como les dije, es un "Love Story". A pesar de esto, recomiendo a toda madre trabajadora que las use, si es que no está familiarizada con la extracción manual.

Quinta Lección aprendida: La extractora de leche es una gran ayuda, sobre todo para mantener el vínculo con tu bebé mientras estás en el trabajo, continuar con la lactancia y aumentar tu producción de leche. Debes aprender a usarla y no recomendaría su uso sino hasta que la lactancia esté bien establecida, es decir, a partir del primer mes de vida, de lo contrario, podría ser perjudicial. Bien usada, siguiendo las recomendaciones del caso y recibiendo el apoyo necesario, es una excelente herramienta. Nunca la uses para estimar cuánta leche produces, ya que al extraerte leche, siempre queda un residual. La extractora nunca extraerá toda la leche de la glándula, ya que ésta es como un caño abierto de donde siempre sale leche.

Me he extraído leche en sitios comunes y en otros inimaginables:
- Una oficina vacía de mi trabajo
- El baño de mi trabajo
- Almacén de mi trabajo
- En el shower de quelindavivi
- En el matrimonio de quelindavivi
- En carros estacionados y carros en movimiento
- Hoteles de Santa Clara, Chincha y Huaral

Sin mencionar que he amamantado en otros tantos sitios públicos, por lo queda demostrado que el pudor lo perdí hace rato.

He tenido que salir de viaje fuera de Lima por motivos de trabajo hasta por cuatro días en dos oportunidades y tuve que viajar con mi extractora, mi caja de tecnopor y mis "ice gel packs". Uno de esos sitios fue Cancún y en las caseta de control del aeropuerto, me inspeccionaron misma delincuente, me abrieron la maleta e inclusive tuve que abrir uno de los "packs" para que comprueben que lo que había dentro era gel y no polvos blancos mágicos en gel. En el interín, el agente se topó con mis sostenes de maternidad, los biberones y las bombillas de extracción. Verle su cara de incomodidad fue mi pequeña venganza ante tanto maltrato.
Congelar la leche y los gel packs en los hoteles y traer la leche a Perú es otra historia y tal vez merezca otro post. No iba a desperdiciar cuatro días de leche. La leche es como oro blanco líquido y no quería botarla por el caño.
Como consecuencia de esos viajes, mi producción de leche bajó mucho, tanto así que me dio miedo que se corte. Lo que ocurre es que no existe mejor extractora que tu propio bebé y como la producción de leche funciona según oferta y demanda, tu cuerpo cree que ya no necesitas producir más leche. Los días posteriores a mis viajes, traté en lo posible que mi hija lacte lo más que pudiera para restablecer mi producción. Luego de unos cuatro días, el volumen de leche volvió a la normalidad.

Sexta Lección aprendida: A mayor succión, mayor producción. No hay dudas al respecto.

Bendiciones lácteas del Hada de la Extractora. Estas bendiciones
me fueron necesarias muchas veces.
Dentro de todo este periplo de extracciones, es necesario el apoyo de todos los que te rodean (esposo, pareja, padres, hermanos, amigas, compañeros de trabajo) porque como leyeron, no es tarea fácil. Leer este post (aunque está en inglés) me ayudó mucho en momentos en los que quería tirar la toalla.

Séptima Lección aprendida: La extracción de leche es una tarea que necesita mucha paciencia y apoyo de las personas que te rodean. Busca ayuda y soporte cuando te sientas agobiada. Recuerda que no eres la única. Hay muchas otras mamás que se sienten como tú.

Actualmente, mi hija tiene casi un año y la demanda que tiene de leche es mucho menor. Me extraigo leche una vez por día (antes eran por lo menos tres veces) y le doy leche directamente a la hora de almuerzo si puedo estar con ella, antes de dormir y durante todo la noche. Este es otro punto. El colecho me ayudó mucho a superar las amanecidas, ya que este tipo de lactantes suelen despertarse durante las noches a tomar leche, ya que lo utilizan como una manera de arrullarse. Dormir con mi hijita aminoró mi cansancio, hizo que esté más lúcida al día siguiente y que ella durmiera mejor.

Octava Lección aprendida: El colecho es beneficioso para la madre y el bebé. Si colechas, no escuches críticas ni comentarios negativos. Finalmente quienes deciden dormir con su hijo son los padres, nadie más.

Rafaella jugando con mis utensilios de extracción.
Foto: Rociolv

Como conclusión y después de haber pasado por muchas situaciones y estar cercana al primer año de Rafa, me siento más relajada respecto a este tema, aunque aún me produce un poco de aprehensión (algo muy contradictorio pero normal en mi). Quisiera no haberme presionado tanto ni haberme sentido tan agobiada otras veces. El destete aun no está en nuestros planes y si en algún momento mi médico me lo planteó, lo saqué inmediatamente de mi cabeza solo por la ansiedad que sentí. No se si Rafaella me necesita más de lo que yo a ella, pero creo que aún no estamos listas, a pesar de que hay días que ella me rechaza y no quiero decir que no me afecta porque sí lo hace.

El motivo por el cual esperé tanto en escribir este post, es precisamente por que después de todo este tiempo, mi manera de ver la lactancia ha cambiado. Después de leer innumerables foros, con testimonios de diversas mujeres de varios países, hizo que entienda que cada experiencia es única,  pero que hay un sólo motivo que nos mueve, el amor por nuestros hijos y las ganas de hacer las cosas lo mejor posible. Cada una de estas madres merece respeto y apoyo.

Existe aun mucha ignorancia en el tema y poco soporte a las madres que queremos entrar en esta carrera de largo aliento. Aún me siento criticada y observada, como si alguien estuviera esperando a que cometa el menor error para decirme: "era más fácil darle fórmula", en un ánimo de no sentir su modo de crianza criticado con mi actitud "lactivista". También, precisamente para no ofender a nadie y que nadie salga herido, he tratado de cuidar todas y cada una de las palabras y expresiones que he utilizado en este post.
Sigo creyendo que es una decisión, por tanto, nada de lo que he hecho es un sacrificio. Creo que lo que las madres hacemos no son sacrificios, son solo acciones que nos tocan. Si decido ser madre, decido criar a una persona y quitar de mi vida ciertas actitudes e incluir otras que beneficiarán mi maternidad. Si elijo la lactancia, pues me toca pasar por todo lo que arriba cuento, y lo hago con cariño y pensando que es lo mejor para ella.
La siguiente vez trataría de sentirme más libre y de no ponerme metas, tal vez sienta menos miedo, o mis temores en el siguiente sean los mismos. Eso ahora no lo sé. Tuve suerte de encontrar apoyo en mi Boni, mi esposo, el principal apoyo en toda esta aventura y el mejor padre que pude darle a mi hija. Él aprendió a descongelar la leche y darle el biberón a Rafaella y se sopló las malas noches mientras yo estaba de viaje. No mencionarlo en este post sería injusto.

Por lo pronto, a pesar de dormir poco, todas las noches Rafita y yo tenemos una cita. El mejor momento del día es cuando las dos estamos en pijamas y echadas en la cama, ella tomando su leche y yo viéndola y descansando. A veces nos quedamos dormidas juntas, a veces ella se queda despierta un rato más, jugando o "conversando" conmigo. Duermo en una ranura de mi cama, ella se ocupa todo el espacio, a veces me tira patadas o manazos. Nuestra vida cambió a raíz de ella, pero esta vida no la cambiamos por nada.


Si te perdiste los anteriores:

Pensamientos Embarazosos I: Embarazo
Pensamientos Embarazosos II: El Parto























viernes, 23 de agosto de 2013

Las Lagartijas

Tengo algunos "posts" pendientes de publicación, pero hoy no se porqué me acordé de un genial cuenta cuentos y decidí investigar qué había sido de su vida y escribir algo acerca de sus cuentos.

En estos tiempos en los que el Perú, como muchos otros países del mundo, se encuentra sumido en el caos y el desorden, es muy difícil encontrar personas colaboradoras, honestas y que ayuden de manera desinteresada a las diferentes causas sociales que se pueden presentar.
Lima, se ha convertido en una jungla, donde cada quien pelea por sus propios fines sin pensar en el resto y el impacto que sus acciones pueden causar en los otros, en el medio ambiente y por ende, en su propia vida. No nos damos cuenta que somos parte del todo, de la naturaleza, de la sociedad y que vivimos en un mismo sitio y por ende, tendríamos que ser solidarios porque de una u otra manera, las consecuencias de las decisiones que tomamos, malas o buenas, regresan a nosotros.

Nos quejamos del caos vehicular, pero si está en nuestras manos cumplir con las normas, no lo hacemos. ¿Por qué?, Porque nadie lo hace, ¿Por qué sería yo la única tonta que lo haga?. No me interesa, que se joda el resto. Como todos pensamos así, el caos continúa. No nos damos cuenta que nosotros mismos generamos el caos del que tanto nos quejamos. Siempre he pensado que el cambio empieza en uno mismo y no hay por que estar viendo que hace el resto para recién optar por hacer las cosas bien. Haz las cosas bien y ya.
Piensa que si tú empiezas con el cambio, tu actitud se puede contagiar a otros, y así seríamos muchos más los que hacemos las cosas bien. 

Nos quejamos de la corrupción, pero casi el 80% de la población tolera la corrupción. Entonces, ¿Por qué nos quejamos de las entidades o personas corruptas si nosotros mismos avalamos estas conductas y no las denunciamos?. Ay si, ay si, "policia coimero", pero bien que le damos su "propina" para que no nos ponga la multa. No seamos más cómplices.

Nunca dejaré de pensar que el Perú es el país del revés. Quiero que deje de serlo.

Y así, la lista de ejemplos puede ser infinita, desde el que toca el claxon innecesariamente para que el carro de adelante se mueva, sin importar que ese ruido fastidia a quienes nada tienen que ver en el asunto, alegando el clásico: "¿Y a mi que me importa?, que se jodan", hasta el que tira basura por la ventanas de los microbuses o en las veredas, alegando el también clásico: " Es que no hay tacho pe". Recuerdo que una vez, cuando era universitaria y viajaba en combi, vi a una señora que estaba comiendo unas galletas con su pequeña hija y cuando terminó, lanzó el envoltorio de las galletas por la ventana de la combi. Me dirigí a ella y le dije: ¿Por qué tira basura por la ventana?, a lo que me respondió de manera tosca: "No te metas, ese no es tu problema". Pues esa señora estaba equivocada, sí era mi problema. Tanto ella como yo vivimos en la misma ciudad y a ambas nos gusta tener una ciudad limpia. Algo de efecto hizo mi comentario porque luego sacó un paquete de maní y cuando lo terminó guardó la envoltura en la cartera.

Estos pensamientos siempre rondan por mi cabeza y justamente hoy, sin quererlo ni buscarlo, el recuerdo de François Vallaeys vino a mi mente y todos los maravillosos cuentos narrados por él, que una vez escuché. François, es filósofo y cuenta cuentos, muy comprometido con la responsabilidad social.

Las Lagartijas, es un cuento popular africano y forma parte de la compilación de audio cuentos:  "Hace tiempo que nunca".
Hacer toda esta introducción es algo tonto, porque el cuento se entiendo por sí solo y no necesita explicaciones, pero no podía dejar pasar este "recuerdo de hoy" para hablar de algo en lo que pienso todos los días.












miércoles, 24 de julio de 2013

Te cuento un cuento

Esta publicación, a diferencia de las otras, no tendrá fotos mías, de amigos o familiares. He tomado libremente fotos de internet para graficarla.

***

Me quedé un poco enviciada con la primera temporada de "Once upon a time",  tanto así que me puse a investigar acerca de los cuentos de Hadas y para quienes me conocen, saben que cuando investigo un tema, rebusco en mi memoria, en internet y realmente me obsesiono.

Recuerdo que una amiga del colegio me habló acerca de un libro llamado "Psicoanálisis de Cuentos de Hadas" (me imagino que se refería al de Bruno Bettelheim, 1976), el cual desenredaba el verdadero significado de dichos cuentos y cual era su real repercusión. Ella me habló acerca del significado del rojo de la caperuza de "Caperucita Roja" y en todo su relato, no dejaba de haber un contenido sexual. Esta conversación me hizo recordar una película que vi cuando tendría diez u once años:  "En Compañía de Lobos" por TNP (hoy TV Perú). Ésta es una película de culto, oscura y no entiendo cómo a ese corta edad ya veía películas como esa, pero este no es el tema. 
Después de eso, mi visión de los cuentos de Hadas no fue la misma.




Nunca puse atención extra a  "La Sirenita", "La Bella y la Bestia", "Blanca Nieves" ni a ninguna otra princesa. De niña, mi mamá nunca me metió por los ojos a las princesas, pero sí recuerdo haber ido al cine a ver una que otra película o haber leído uno que otro cuento. Creo que tampoco me interesaban mucho.
No es sino hasta el año 2005 que vuelvo a pensar en los cuentos de hadas y es por la lectura de otro libro: "Las Mujeres que aman demasiado" de Robin Norwood (1985). 

Si has seguido mi blog desde el inicio, podrás ver que en mi primera publicación,  hablo del segundo cisma de mi vida adulta. Parte de esta experiencia consistió en verme al espejo y darme cuenta que es lo que hacía mal y aunque no soy partidaria de libros de auto ayuda, este libro me ayudó. Pero, nuevamente, este no es el tema.

Dentro de este libro, hay un capitulo donde la autora habla acerca de los cuentos de hadas y hace especial énfasis en el cuento de "La Bella y la Bestia". En este cuento, la Bella ama incondicionalmente a la Bestia, tolerando sus "bestialidades" y poco a poco con su amor, el verdadero amor, desinteresado y paciente, logra que él cambie, convirtiéndose en un príncipe y dejando de ser "bestia". Según la autora, esta conducta genera "mujeres que aman demasiado", mujeres que con su "amor" lograrán cambiar al hombre. Ésta es una tendencia cultural bastante arraigada, donde el sufrimiento de la mujer en todo el proceso, es recompensado precisamente con el cambio de bestia a príncipe. Pero hablando en serio, un hombre golpeador, por ejemplo, ¿Cambiará solamente con "nuestro amor"?. Yo creo que no.  Igual las otras princesas, que han necesitado ser "rescatadas" para vivir feliz "ever after" por un príncipe azul ya sea de la miseria humana como Cenicienta, del sueño eterno como La Bella Durmiente o del hechizo de una bruja como Blancanieves. Ninguna se salva, ni Fiona que vive feliz con su Schrek.

Es aquí cuando los cuentos de hadas cobraron otro cariz para mí y me cuestioné si quería eso para mis futuras hijas. ¿Podría entonces, leerles un cuento de Hadas sin pensar que estaría inconscientemente preparándolas a ser mujeres que aman demasiado?.

Volviendo a "Once upon a time". Me perdí algunos capítulos, me parecían curiosos algunos personajes y es así como llego a buscar acerca de "Rumpelstiltskin" ya que no recordaba exactamente su origen y cual sería su papel exacto en la serie. Me acordaba de un capítulo de esa serie de cuentos de hadas que emitían por Global TV, pero no más, así que acudí a Wikipedia (sí, Wikipedia) y una cosa lleva a la otra y he aquí el origen de esta publicación.

Fue así como llegué a los Hermanos Grimm (Siglo XIX). Resulta que estos hermanitos, no fueron los creadores de estos cuentos, como muchos pueden creer, sino unos compiladores de narraciones folclóricas que se pasaron de boca a boca, generación tras generación, desde la edad media y se la pasaron "arreglando y suavizando" algunos de los cuentos anteriormente publicados por Charles Perrault (Siglo XVIII) adaptándolos para niños .  

Y es aquí donde se pone buena la cosa.
Buscando y buscando, llegué a encontrar el lado oscuro de estos cuentos, el lado poco conocido (al menos para mí) y llegué a horrorizarme.

Hansel y Gretel
Por ejemplo, narraré el origen  real del cuento que más me impresionó: "Hansel y Gretel". En resumen, Hansel y Gretel son abandonados en el bosque y encuentran la casa de una bruja que se los quiere comer. Al final, logran escapar y regresan con su padre. La historia real, dista mucho de esta versión suavizada por los Hermanos Grimm. Aparentemente la narración vendría desde la edad media y se origina en las aldeas medievales donde algunas prácticas inhumanas eran comunes tales como el abandono, el infanticidio y el canibalismo. En el siglo XIV, una gran hambruna azotó Europa del Norte (p.e. Alemania, país originario del cuento), razón por la cual, muchas familias se vieron en la necesidad de abandonar a sus hijos a su suerte en  medio del bosque, era necesario tener menos bocas que alimentar, o en el peor de los casos, llegaban a matar niños. Posterior a esto, las prácticas de canibalismo eran comunes. En la Edad Media, en una situación de hambre extrema, el más humano se vuelve caníbal. Existen algunas otras interpretaciones adicionales del cuento y si quieres leer más, lo puedes encontrar aquí.



Me come el lobo
Nuevamente Caperucita Roja sale a la palestra y su origen no es muy distinto. El cuento original tiene una alta carga sexual y erótica que no se nota (o al menos se trata de ocultar) en el cuento que todos conocemos. El canibalismo nuevamente aparece, porque en el cuento original, el lobo comería la carne de la abuelita y haría que la tierna e inocente Caperucita también lo haga. Macabro, ¿no?. La figura del lobo como hombre tendría también un contenido sexual, si le sumamos a eso que en el cuento original, Caperucita se acuesta  desnuda en la cama de al abuelita junto a él y recordamos la preguntas ingenuas de la pueril Caperucita acerca de porque tiene o no ojos o manos o boca tan grande, pues la historia cae de madura. Aparte, pareciera que Caperucita quería ser seducida porque ella sabía el camino, sin embargo hizo caso al lobo. Finalmente la moraleja de este cuento para esas épocas, era que las niñas no deben hablar con extraños pues se las terminarían comiendo, considerando que la figura del lobo es metafórica. Recordemos que eran tiempos en los que la seguridad no era mejor que la de ahora. Más información aquí

Para ir cerrando ideas, Cenicienta tampoco escapa de la tortura porque aparentemente hay un trasfondo de mutilación en la escena donde las hermanastras se miden las zapatillas, ya que realmente, para que puedan caber sus pies, se los mutilaron y todo por casarse con un príncipe. Otros cuentos tienen una fuerte influencia mitológica, como es el caso de La Bella Durmiente.

Es asi como los cuentos de hadas tienen un origen distinto al que creemos y muchas veces es más impresionante del que pensamos.

Volviendo a las interpretaciones de Bettelheim, él afirma que es necesario que los niños tengan la magia de los cuentos de hadas en sus vidas para poder crecer con un autoestima firme y entendiendo cada uno de los conflictos existenciales que a su corta edad puedan tener. Cada cuento de hadas ayudaría entonces a superar estas etapas inevitables en su crecimiento. En su libro hace un análisis a fondo del trasfondo psicológico de cada cuento y valdría la pena leerlo. 

Dicho todo esto, después de haber leído interpretaciones diversas de los cuentos y cuál es su real origen, y sin negar que los niños necesitan la fantasía para crecer ¿Quieres que te cuente un cuento?.









jueves, 6 de junio de 2013

Pensamientos Embarazosos II : El Parto

El hecho de tener a una personita dentro, ya era bastante como para imaginarme cómo sería sacarla de ahí y que nadie salga herido en el intento.

Llegué tranquila a las 39 semanas. Luego de los angustiadores tres primeros meses, lo que siguió fue bastante tranquilo. De lo único que me puedo quejar de esa etapa fue la artritis que no me dejaba caminar mucho (sí, a las embarazadas nos da artritis, que así como viene, se va. La mía duró hasta el quinto mes post parto). 

Eran semanas lindas, preparando el cuarto de Rafaella, comprando su ropa, terminando su scrapbook y esperándola con mucha ilusión.

Astor custodiando la ropa de hermana menor
Foto: Rociolv

Papá y gato pintando el cuarto de Rafaella
Foto: Lita Chueca

Mi parto estaba programado para un 15 de noviembre. Hasta mi última cita mensual, en quincena de octubre, Rafaella estaba colocada correctamente (coronada) y no tenía "circulares" (el cordón umbilical alrededor del cuello). Según el doctor, mi parto podía adelantarse porque mi cuello uterino "había empezado a madurar". Yo quería trabajar hasta el último momento para que mi periodo post parto en casa sea más duradero, pero con esa noticia, tuve que pedir rápidamente mi licencia por maternidad para fines de octubre. En la siguiente cita con el doctor, él notó que mi cuello uterino no había madurado un centímetro más desde la última revisión. Debo decir que eso me frustró un poco.

Aprendiendo a respirar
Foto: Luis Morelli (Boni)
Para esas fechas ya había terminado mi taller de psicoprofilaxis y había aprendido las técnicas de relajación y de respiración para cuando vengan las contracciones y cómo reconocer los signos de parto. Nos dijeron a todas que el parto era nuestro y que tratáramos en lo posible de evitar cualquier intervención (cesárea) innecesaria y que tratemos de recibir al bebé lo más pronto posible en nuestro pecho y de ser posible dejarlos que lacte el calostro. De esta manera, reducimos el stress del nacimiento en un bebé y la angustia que puedan sentir después de estar en un medio líquido, cálido, oscuro y tranquilo, escuchando los latidos del corazón de mamá y sus ruidos gástricos para luego pasar a un medio seco, iluminado, ruidoso, sucio y donde el latido de mamá ni su voz  están cerca. Nos decían por eso que impidamos que se lleven a nuestros hijos a la sala de bebés inmediatamente y que tratemos la primera noche pasarla junto a ellos, acurrucándolos y amamantándolos. A todo esto se le llama crianza con apego. Yo sabía que quería eso para mi hija.

No estaba segura si deseaba o no que me coloquen anestesia epidural. Había oído historias de madres que tuvieron un parto realmente natural y decían que dolía mucho, pero que ese dolor se iba cuando salía el bebé. No me asustaba el dolor, me asustaba la idea de cómo un ser de más de tres kilos iba a salir por un canal tan pequeño.

Bueno, con todo ese conocimiento y con esas dudas, una noche, una semanas antes de parir, me vinieron las llamadas "contracciones de ensayo" y no hice más que ponerme nerviosa, traté de tranquilizarme y creo que lo logré cuando me dormí unas dos horas después. Boni me ayudaba a llevar la cuenta y eran contracciones sin ritmo y sin una frecuencia constante. Llamé al doctor al día siguiente y me dijo que no tenía porque preocuparme aún.

El 13 de noviembre tuve mi cita de la semana 40. Las citas semanales anteriores indicaban que todo seguía igual, que mi cuello uterino estaba más verde que un limón. El resultado de esa cita no fue distinto. El doctor me dijo lo siguiente: "flaca, no me gusta que mis pacientes lleguen a más de las 40 semanas, pero es tu decisión. Yo te recomendaría internarte hoy día para tratar de inducir la maduración de tu cuello y ver que pasa"  El motivo de no querer pasar de la semana 40 es que la placenta (que alimenta y oxigena al bebé) se envejece, es decir, se calcifica y no es una placenta óptima ya que no oxigena bien al bebé. Yo no quería que mi hija corra riesgos, asi que esa noche fuimos, Boni y yo, a la casa y recogimos nuestras cosas (mías y de Rafaella) que ya estaban perfectamente listas y fuimos a internarnos a la clínica. Cada médico tiene su propio criterio y yo confío plenamente en el criterio del mío. Yo no quería esperar a "ver que pasaba" una semana más, no quería que por esperar, luego me digan que tenían que practicarme una cesárea.

No avisamos a nadie, sólo lo sabía mi suegra que estaba en la casa en ese momento. Boni y yo ya habíamos tomado la decisión de hacerlo así. No queríamos el cuarto de la clínica lleno de gente. Si una personita tan chiquita y confundida acababa de llegar, lo mínimo que podíamos hacer, era darle un lugar cálido y silencioso y  yo, que había optado por la lactancia materna exclusiva, como primeriza, necesitaba privacidad. Conociéndonos, ambos los preferimos así y por eso comunicamos días antes a nuestros padres y amigos más cercanos que avisaríamos horas después del nacimiento, no inmediatamente y que preferíamos que fueran a la clínica, de ser posible, al día siguiente. Queríamos estar solos, los tres, juntos como familia, en privado en ese momento en que trajeran a Rafaella al cuarto y que empezáramos a conocernos. Algunos no lo entendieron y hasta caras largas me pusieron, pero bueno, pensé que si me querían, iban a respetar nuestra decisión. Habrá a quienes les encantaría tener a toda la familia en el cuarto, pero a mi no, me abrumaría en vez de sentirme feliz.

Esa noche en la clínica, después del famoso enema,  me colocaron un medicamento para mi cuello uterino y me dijeron que duerma, así que dormí. A la mañana siguiente, fueron a revisarme a las ocho de la mañana y ya había dilatado, sí, el medicamento hizo efecto. En ese momento, me pusieron otro medicamento para inducir las contracciones. En menos de dos horas yo ya había dilatado a tres. Las contracciones eran realmente insoportables y tuve que pedir la epidural a gritos. Las contracciones inducidas son mucho más severas que las naturales. El efecto de la anestesia se iba muy pronto y tuvieron que ponerme hasta tres dosis en menos de tres horas. A las once de la mañana "rompo fuente" y ya había llegado a ocho de dilatación. Al medio día, la cabeza de Rafaella se dejaba ver después de dos pujadas y ya estaba en diez. Mi trabajo de parto fue bastante corto. Boni iba a estar presente en el nacimiento. El momento había llegado.

Hola, soy tu mamá, no hay por qué llorar.
Foto: Luis Morelli (Boni)
Me trasladaron a sala de partos y luego de tres pujadas indoloras, a las 12:21 p.m., de un 14 de noviembre del 2012, Rafaella vio la luz del mundo por primera vez. Todo fue tan rápido que sólo derramé tres lágrimas. Ella lloraba muy fuerte y mientras la atendían yo sólo quería que esté sana y completa. A los pocos minutos la trajeron conmigo, su carita estaba hinchada y lloraba reclamando a su mamá, no dándose cuenta que era su mamá quien ahora la cargaba. Me reconoció luego de unos minutos y se calmó. Se la llevaron casi dos horas a la sala de bebés, mientras terminaban de atenderme, expulsaba la placenta, suturaban la episiotomía que me practicaron y frenaban alguna pequeña hemorragia que pudo suscitarse. Hubiera querido quedarme con ella todo ese tiempo, pero estaba demasiado eufórica y anonadada por no decir "estúpida" por el milagro que acababa de ocurrir como para siquiera pedirlo.

Cuando llevaron a Rafaella a mi cuarto, ya cambiada y serena, la amé con todo mi corazón y agradecí realmente estar sola, quería ese momento solo para las dos. Sólo faltaba Boni que fue a casa a bañarse.  Cuando estuvimos los tres juntos, la felicidad fue completa. Eramos tres enamorados mirándose por primera vez. Es necesario estar a solas en esos momentos.

Estoy de acuerdo con los partos naturales. Hubiera querido no tener que necesitar epidural porque deseaba aguantar el dolor hasta donde pudiera, pero éste era tan intenso, que no tuve alternativa. Hubiera querido que mi necio cuello uterino madure por si mismo, para que mis contracciones sean naturales, pero nunca lo hizo. Era decidir eso, o esperar una semana más, sabiendo lo que podría pasar o en el caso final, una cesárea (que no estaba en mis planes). Yo quería luchar hasta el final por un parto lo más natural posible.
Estoy de acuerdo también con parir en sitios donde respeten tu parto o parir bajo el agua, con los partos privados y respetuosos de la vida de ambos seres que lo protagonizan, pero con lo que no estoy de acuerdo es que esos sitios no están dentro de una clínica u hospital (al menos en Perú). Quienes promueven este tipo de nacimientos, están en desacuerdo con el parto en las clínicas porque hay demasiada manipulación del recién nacido y no dejan que forme con la madre los vínculos inmediatos para desarrollar el apego. Algo que olvidan, es que muchas muertes se evitan al parir en una clínica. El solo hecho de estar conectada a una vía endovenosa y tener una Unidad de Cuidados Intensivos cerca, te da la seguridad que ante alguna distocia que merite una cesárea de emergencia, hemorragia, descompensación, falta de respiración del bebé o algo peor, puedas recibir atención médica inmediata. En esos momentos, los minutos son valiosos. Si das a luz en un sitio, por muy casa de nacimiento que sea (o hasta tu propia casa), y te ocurre una desgracia al momento del parto, el solo hecho de trasladarte o esperar la ambulancia, puede ser mortal. Esa es mi única objeción. Llámenme "maricona" o pesimista, yo prefiero llamarme precavida.  Mi madre, por ejemplo, cuando dio a luz a mi hermana mayor, tuvo una hemorragia muy severa y pudo morir si no recibía atención rápida. Si hubiera dado a luz en su casa, como lo hizo con mi hermano mayor, tal vez, yo no estaría escribiendo estas líneas. Hace poco escuchaba por la radio a Adelina Villalobos, obstetriz, que indicaba que la cantidad de muertes perinatales se habían reducido considerablemente gracias a la atención de partos en centros de salud. ¿Cómo no creerle a esta señora?.

¿Qué hacer entonces?  ¿Por qué no tener lo  mejor de los dos mundos? Todas las clínicas (no sólo la clínica "Cada Mujer"  - al menos es la que sé-) deberían ofrecer este tipo de partos (naturales) y así asegurar una buena atención en caso de alguna eventualidad. O ¿por qué no?, que estas casas de nacimiento tengan una unidad de primeros auxilios instalada. El resultado sería: madres más felices y relajadas y bebés menos intervenidos y felices y relajados como sus madres. Pero cuando no, yo, pensando en utopías. Quisiera que esta utopía sea alguna vez una realidad. El parto debe ser respetado sea donde sea que se realice.

Finalmente, en el momento de mi parto, con tanta emoción encima, me olvidé del momento en que el doctor debía cortar el cordón umbilical (tres minutos después del nacimiento), que Boni corte el cordón (no lo cortó), del apego (Rafaella estuvo casi dos horas en sala de bebés, lejos de mí) y de muchas otras cosas que te recomiendan. Aún asi, no cambio mi parto por nada, fue único, fue el momento en que conocí a Rafaella y fue nuestro e íntimo. Cuando estuvimos juntas, ella lactó el calostro instintivamente y desde ese momento el apego empezó, dos horas tarde, pero no importa. El apego continúa y ella recibirá siempre lo mejor de mí y de su papá. Si tengo otro bebé, tal vez lo haga distinto, ya tengo la primera experiencia. Una cosa es que te recomienden mil cosas o leas y veas mil cosas y otra es vivir para contarla. De repente me anime a parir bajo el agua y de hecho que trataría de tener contacto piel a piel lo más temprano posible con mi bebé y reclamaría algunos otros derechos que la primera vez no reclamé. Nadie nace sabiendo.

Rafaella y yo en pleno aprendizaje.
Foto: Viviana Ledesma

Si te interesó esta historia, puedes leer la previa:

Pensamientos Embarazosos I: Embarazo

y las que siguen...

Pensamientos Embarazosos III : La Lactancia