¿Qué es esto?


La vida es un cambio constante, solo queda adaptarte.



martes, 31 de diciembre de 2013

Filosoráptor volador

No quería dejar pasar el último día del año sin publicar algo. 
Recuerdo cuándo inicié este blog y la finalidad de su existencia no era para contar los hecho de mi vida de manera directa, sino más bien para volcar mi afición literaria. Finalmente terminó siendo una suerte de híbrido litero-catártico que utiliza un lenguaje más bien coloquial. No me disgusta del todo, pero tampoco me llega a satisfacer. Digamos que está bien. Por eso decidí que escribiría y publicaría en él lo que me plazca y cuando me plazca. 

Todos los años nuevos, pienso en poder tener la capacidad de viajar a velocidades supersónicas y vivir el último día del año más largo. Empezaría mi día en Kiribati (un grupo de islas en en Pacífico, al norte de Australia), lugar que recibe el año nuevo por primera vez, mientras exista, claro, porqué tiene peligro de hundirse y desaparecer debido al cambio climático. También podría ir a Samoa. Están muy cerca.
Luego, enrrumbaría a Nueva Zelanda, ahí mi día ya tendría veinticinco horas. El festejo continuaría. 
De ahí viene Sidney, en Australia, para ver el espectáculo de fuegos artificiales (Me imagino qué es legal, ¿no?). Y así comenzaría a recorrer el mundo, pasando por Tokyo, Bangkok, Abu Dabi, Moscú, Atenas, Berlín, Madrid, Londrés, Río de Janeiro, Buenos Aires, Santiago, Nueva York-Cuzco (estoy en duda), Mexico DF, La Vegas, Los Ángeles, y finalizaría en Hono Lulu (comienzo con playa y termino con playa), para finalmente descansar de un día de 48 horas (si no fallan los cálculos), que por un momento me pareció un día sin fin y es por que a veces no queremos que las cosas terminen. . 

Tortugas 2011 - Foto Luis Morelli


Como suele suceder siempre, al igual que cuando empecé este blog, tenía una idea para escribir en este post y finalmente salió otra. 
Las cosas a veces no salen cómo las planeas, pueden salir aún mejor. Es mejor a veces no cargar con mochilas pesadas y simplemente dejar que la imaginación vuele, eso ayuda a dejarlas ir. Es en esos momentos cuando se tiene un segundo de lucidez y todo parece más claro y sencillo. 

Ya quiero que llegue la tarde para poder dar mi último paseo del año por el malecón y mirar ese mar infinito que con su ir y venir trae buenas cosas y se lleva todo lo malo e imaginarme que al otro lado de ese mar ya es mañana y que aún me quedan a mi algunas horas para agradecer y disfrutar viendo los últimos rayos de sol del día que se va. No hay mejor forma de despedir/recibir un año.

Tortugas 2011 - Foto: Rociolv


Tortugas 2011- Foto: Rociolv




martes, 15 de octubre de 2013

Blue Dreams in an ocean blue

La mañana es azul, como el azul del alba colándose por la ventana y envolviendo los cuerpos que duermen esperando el amanecer.
La ballerina danza en la arena, moviendo su grácil figura al compás del sonido de las olas. Un sonido evocador, insistente, sordo.
Foto: Mario Silvania. 


Soledad.

Yo bailo en la arena, moviéndome etérea al compás de las olas, girando bajo la atmósfera azul, cuando aún los cuerpos duermen. Él toma fotografías.. Yo no paro de bailar. 


Despierto en mi cuarto azul.

La música suena a lo lejos, como un eco, bajito, sin fin y vacío.









viernes, 11 de octubre de 2013

Pensamientos Embarazosos III : La Lactancia

La lactancia no tendría porqué ser engorrosa, dolorosa o estresante. Si llega a serlo, busca un grupo de apoyo. Si después de intentarlo no puedes continuar, no te sientas mal. Hiciste todo lo que pudiste. Si desde un inicio  (por X motivos) la lactancia para ti es imposible,  no es necesario culparse por ello. Busca otros medios para generar lazos de amor con tu bebé. No permitas que nadie te culpe, te dañe o te señale con el dedo por no haberlo hecho. 

Nadie nace sabiendo, aunque hay cosas que se hacen por instinto y una de ella es la lactancia.
No quiero parecer una madre modelo o una super mamá ni hacer sentir mal a nadie. Lo único que pretendo con este relato, ya que es un tema algo controvertido, es compartir mi experiencia.  De repente a alguien le sirve.
Comentaba en mi publicación anterior de la seguidilla de Pensamientos Embarazosos, que decidí por la lactancia materna exclusiva.

Primero que nada, pienso que es una decisión y como toda decisión, debes hacer lo posible para cumplirla. Si luego no puedes, al menos lo intentaste.

Leche Materna vs. Fórmula 
Yo no sabía mucho del tema y la única relación con la lactancia que tuve fue ver a mi hermana mayor alimentar a mi sobrino por casi un año y eso ocurrió hace dieciséis años.
Al no saber mucho del tema, lo primero que hice fue informarme. Esto se lo diría a cualquier futura madre. Infórmate, lee, busca en internet. Hay demasiada información del tema. Filtra lo que te convenga y desecha lo que no sirva.
A mi me ayudó mucho la página de la liga de la leche, que es una agrupación sin fines de lucro que promueve la lactancia materna a nivel mundial.
No permitas que nadie desacredite tus ganas de amamantar. Nadie tiene el derecho de decirte que la leche materna no alimenta ni que necesitarás "de todas maneras" suplementar con fórmula, ya que eso no siempre es así. No escuches a esas personas, así la primera en decírtelo sea tu madre. Aléjate de malo comentarios y busca personas que te alienten.

Si después de leer esa información, de saber lo importante que es la leche materna versus una fórmula, del vínculo hermoso que se genera entre madre e hijo, de la practicidad de amamantar (no tendrás que preparar biberones a las tres de la madrugada, solo te levantas el polo y listo), del bajo costo y que la lactancia ayuda a bajar de peso y recuperar la figura, aún quieres cortar tu producción de leche desde un inicio y dar fórmula, pues es tu decisión. Pero, por favor, toma una decisión después de informarte.

Pensaba escribir esta publicación cuando mi hija cumpliera los seis meses de vida y ya casi tiene nueve. Yo empecé proponiéndome una meta final: llegar al año, varias metas cortas: mes a mes y una meta intermedia: los seis meses, ésta era la única manera de auto estimularme y de no sentirme derrotada. Luego aprendí que hiciera lo que hiciera y pase lo que pase, no tenía porqué sentirme culpable. (Nota: Mi hija está por cumplir un año y recién me animo a publicar este relato. Al final explicaré porqué).

La primera señal de alarma, luego de empezar la lactancia, la tuve a las pocas semanas de dar a luz. Rafaella lloraba y quería estar prendida de la teta todo el día. Me dijeron que mi leche no la saciaba, que necesitaba darle fórmula y yo sólo me sentía impotente y más estresada. No quise rendirme tan fácilmente y busqué información. Lo que mi hija tenía eran las llamadas "crisis de crecimiento", que ocurren cada cierto tiempo y se manifiestan con las ganas de lactante de estar todo el día prendidos de la teta de su mamá. Ocurre que en esos días crecen, por tanto, su requerimiento de leche es mayor. Al estar todo el día lactando, le dicen al cuerpo de la madre que produzca más leche, el cuerpo lo entiendo y comienza a producir más porque la producción de leche se basa en una ley de oferta y demanda: A mayor succión, mayor producción.

Primera lección aprendida: Si le hubiera dado fórmula, mi lactancia se hubiera visto arruinada.

Segunda lección aprendida: Las crisis de crecimiento ocurren y no hay porqué alarmarse. Aprovecha esos momentos de demanda del bebé para estar con él y dormir juntos.

A los pocos días mis pezones se enrojecieron y sentía mucho dolor. Aparentemente no estaba colocando muy bien a mi hija a la hora de lactar. No llegué a sangrar, pero sí a sentir un dolor muy intenso. Eso coincidió con que una mañana despierto con un dolor muy fuerte en un seno, como punzadas y con mucha congestión, sentía muchos bultos en el seno y estaba un poco caliente. Apareció en uno de mis pezones una perla de la leche  muy dolorosa. Llamé a una consulta en lactancia y me ayudó a usar una extractora de leche para saber si mis pezones estaban obstruidos, lo cual no era el caso. Luego vio como colocaba a mi hija al momento de lactar y era evidente que lo estaba haciendo mal. Me enseñó cómo hacerlo y el dolor desapareció. Luego de eso, me dio mastitis, tomé antibióticos y continué con la lactancia. Es ideal encontrar un médico que sea pro lactancia materna, sino, te dicen que restringas la lactancia y es ahí donde vienen los problemas. La succión del bebé ayuda mucho a sanar.

Tercer lección aprendida: La colocación del bebé es fundamental para evitar lastimarse los pezones y que esto sea un pretexto para interrumpir la lactancia.

Cuarta lección aprendida: La mastitis puede ser común durante la tercera y cuarta semana de lactancia. Puedes evitarla lavándote las manos antes de amamantar y haciendo que tu bebé succione frecuentemente. No dejas la lactancia aun tomando antibióticos. 

Este es uno de los "memes" que me auto adjudicaba para no
sentirme tan agobiaba a veces. A veces es mejor reírse de uno
mismo. 
No puedo ya ironizar de la manera cómo la hacía en mis primeros días de madre en lactancia. Recuerdo sentir no tener vida. Andaba greñuda y sin tiempo para peinarme, lavarme los dientes e inclusive bañarme. Si tenía unos minutos de descanso pues los utilizaba, sin dudarlo, en dormir. Me sentía una vaca lechera, tolón tolón y durante el primer mes y los que vinieron la pasé en pijama todo el día. Al inicio me preocupaba si todo estaba en orden, limpio y pulcro, luego me relajé y mi único interés era pasar el mayor tiempo posible con mi hija. El lactante materno exclusivo no tiene horarios, puede comer cada tres, cada dos o cada hora. El día es igual que la noche hasta que su organismo se regula a su vida extra uterina y la madre por esos días sólo se dedica al bebé y el resto de cosas pasan a segundo plano. Así transcurrían mis días, sintiendo que mi cuerpo no era mío (y hasta ahora lo siento).

Salí de esos problemas iniciales, pasé el primer mes y medio y ese era el tiempo en que mi producción se estandarizaba, conocía los hábitos de mi hija  e iba perdiendo el miedo a "no tener leche". Me sentía más confiada. Era momento de armar mi banco de leche, ya que debía retornar a trabajar en pocas semanas, por lo que desde ese momento en adelante, la extractora de leche, se convirtió en mi mejor amiga.

A partir de este punto comenzaron un sin número de experiencias que guardo con mucho cariño. Armar el banco de leche fue una tarea medianamente fácil. Llegué a juntar en un mes alrededor de tres litros de leche. Luego vendría el retorno al trabajo y con ello, hacer valer mi hora de lactancia y mi hora de lactario (que en mi caso lo tuve que improvisar porque por ley no me corresponde, pero sí por sentido común).
La relación con mi extractora de leche  ha sido un "Love Story" desde ese punto hasta el momento, con sus altas y bajas. A veces la veo y siento alivio, paz, comodidad y otras angustia, fastidio, flojera y no porque sea doloroso, ni nada de eso, sino porque realmente después de casi un año de extracción, me da flojera algunas veces lavar los utensilios, armar el equipo de extracción y todo lo que implica. Por eso, Doris o Boni me ayudan lavando los utensilios. Los días que no me extraigo, me siento culpable porque no dejé suficiente leche en mi banco. Como les dije, es un "Love Story". A pesar de esto, recomiendo a toda madre trabajadora que las use, si es que no está familiarizada con la extracción manual.

Quinta Lección aprendida: La extractora de leche es una gran ayuda, sobre todo para mantener el vínculo con tu bebé mientras estás en el trabajo, continuar con la lactancia y aumentar tu producción de leche. Debes aprender a usarla y no recomendaría su uso sino hasta que la lactancia esté bien establecida, es decir, a partir del primer mes de vida, de lo contrario, podría ser perjudicial. Bien usada, siguiendo las recomendaciones del caso y recibiendo el apoyo necesario, es una excelente herramienta. Nunca la uses para estimar cuánta leche produces, ya que al extraerte leche, siempre queda un residual. La extractora nunca extraerá toda la leche de la glándula, ya que ésta es como un caño abierto de donde siempre sale leche.

Me he extraído leche en sitios comunes y en otros inimaginables:
- Una oficina vacía de mi trabajo
- El baño de mi trabajo
- Almacén de mi trabajo
- En el shower de quelindavivi
- En el matrimonio de quelindavivi
- En carros estacionados y carros en movimiento
- Hoteles de Santa Clara, Chincha y Huaral

Sin mencionar que he amamantado en otros tantos sitios públicos, por lo queda demostrado que el pudor lo perdí hace rato.

He tenido que salir de viaje fuera de Lima por motivos de trabajo hasta por cuatro días en dos oportunidades y tuve que viajar con mi extractora, mi caja de tecnopor y mis "ice gel packs". Uno de esos sitios fue Cancún y en las caseta de control del aeropuerto, me inspeccionaron misma delincuente, me abrieron la maleta e inclusive tuve que abrir uno de los "packs" para que comprueben que lo que había dentro era gel y no polvos blancos mágicos en gel. En el interín, el agente se topó con mis sostenes de maternidad, los biberones y las bombillas de extracción. Verle su cara de incomodidad fue mi pequeña venganza ante tanto maltrato.
Congelar la leche y los gel packs en los hoteles y traer la leche a Perú es otra historia y tal vez merezca otro post. No iba a desperdiciar cuatro días de leche. La leche es como oro blanco líquido y no quería botarla por el caño.
Como consecuencia de esos viajes, mi producción de leche bajó mucho, tanto así que me dio miedo que se corte. Lo que ocurre es que no existe mejor extractora que tu propio bebé y como la producción de leche funciona según oferta y demanda, tu cuerpo cree que ya no necesitas producir más leche. Los días posteriores a mis viajes, traté en lo posible que mi hija lacte lo más que pudiera para restablecer mi producción. Luego de unos cuatro días, el volumen de leche volvió a la normalidad.

Sexta Lección aprendida: A mayor succión, mayor producción. No hay dudas al respecto.

Bendiciones lácteas del Hada de la Extractora. Estas bendiciones
me fueron necesarias muchas veces.
Dentro de todo este periplo de extracciones, es necesario el apoyo de todos los que te rodean (esposo, pareja, padres, hermanos, amigas, compañeros de trabajo) porque como leyeron, no es tarea fácil. Leer este post (aunque está en inglés) me ayudó mucho en momentos en los que quería tirar la toalla.

Séptima Lección aprendida: La extracción de leche es una tarea que necesita mucha paciencia y apoyo de las personas que te rodean. Busca ayuda y soporte cuando te sientas agobiada. Recuerda que no eres la única. Hay muchas otras mamás que se sienten como tú.

Actualmente, mi hija tiene casi un año y la demanda que tiene de leche es mucho menor. Me extraigo leche una vez por día (antes eran por lo menos tres veces) y le doy leche directamente a la hora de almuerzo si puedo estar con ella, antes de dormir y durante todo la noche. Este es otro punto. El colecho me ayudó mucho a superar las amanecidas, ya que este tipo de lactantes suelen despertarse durante las noches a tomar leche, ya que lo utilizan como una manera de arrullarse. Dormir con mi hijita aminoró mi cansancio, hizo que esté más lúcida al día siguiente y que ella durmiera mejor.

Octava Lección aprendida: El colecho es beneficioso para la madre y el bebé. Si colechas, no escuches críticas ni comentarios negativos. Finalmente quienes deciden dormir con su hijo son los padres, nadie más.

Rafaella jugando con mis utensilios de extracción.
Foto: Rociolv

Como conclusión y después de haber pasado por muchas situaciones y estar cercana al primer año de Rafa, me siento más relajada respecto a este tema, aunque aún me produce un poco de aprehensión (algo muy contradictorio pero normal en mi). Quisiera no haberme presionado tanto ni haberme sentido tan agobiada otras veces. El destete aun no está en nuestros planes y si en algún momento mi médico me lo planteó, lo saqué inmediatamente de mi cabeza solo por la ansiedad que sentí. No se si Rafaella me necesita más de lo que yo a ella, pero creo que aún no estamos listas, a pesar de que hay días que ella me rechaza y no quiero decir que no me afecta porque sí lo hace.

El motivo por el cual esperé tanto en escribir este post, es precisamente por que después de todo este tiempo, mi manera de ver la lactancia ha cambiado. Después de leer innumerables foros, con testimonios de diversas mujeres de varios países, hizo que entienda que cada experiencia es única,  pero que hay un sólo motivo que nos mueve, el amor por nuestros hijos y las ganas de hacer las cosas lo mejor posible. Cada una de estas madres merece respeto y apoyo.

Existe aun mucha ignorancia en el tema y poco soporte a las madres que queremos entrar en esta carrera de largo aliento. Aún me siento criticada y observada, como si alguien estuviera esperando a que cometa el menor error para decirme: "era más fácil darle fórmula", en un ánimo de no sentir su modo de crianza criticado con mi actitud "lactivista". También, precisamente para no ofender a nadie y que nadie salga herido, he tratado de cuidar todas y cada una de las palabras y expresiones que he utilizado en este post.
Sigo creyendo que es una decisión, por tanto, nada de lo que he hecho es un sacrificio. Creo que lo que las madres hacemos no son sacrificios, son solo acciones que nos tocan. Si decido ser madre, decido criar a una persona y quitar de mi vida ciertas actitudes e incluir otras que beneficiarán mi maternidad. Si elijo la lactancia, pues me toca pasar por todo lo que arriba cuento, y lo hago con cariño y pensando que es lo mejor para ella.
La siguiente vez trataría de sentirme más libre y de no ponerme metas, tal vez sienta menos miedo, o mis temores en el siguiente sean los mismos. Eso ahora no lo sé. Tuve suerte de encontrar apoyo en mi Boni, mi esposo, el principal apoyo en toda esta aventura y el mejor padre que pude darle a mi hija. Él aprendió a descongelar la leche y darle el biberón a Rafaella y se sopló las malas noches mientras yo estaba de viaje. No mencionarlo en este post sería injusto.

Por lo pronto, a pesar de dormir poco, todas las noches Rafita y yo tenemos una cita. El mejor momento del día es cuando las dos estamos en pijamas y echadas en la cama, ella tomando su leche y yo viéndola y descansando. A veces nos quedamos dormidas juntas, a veces ella se queda despierta un rato más, jugando o "conversando" conmigo. Duermo en una ranura de mi cama, ella se ocupa todo el espacio, a veces me tira patadas o manazos. Nuestra vida cambió a raíz de ella, pero esta vida no la cambiamos por nada.


Si te perdiste los anteriores:

Pensamientos Embarazosos I: Embarazo
Pensamientos Embarazosos II: El Parto























viernes, 23 de agosto de 2013

Las Lagartijas

Tengo algunos "posts" pendientes de publicación, pero hoy no se porqué me acordé de un genial cuenta cuentos y decidí investigar qué había sido de su vida y escribir algo acerca de sus cuentos.

En estos tiempos en los que el Perú, como muchos otros países del mundo, se encuentra sumido en el caos y el desorden, es muy difícil encontrar personas colaboradoras, honestas y que ayuden de manera desinteresada a las diferentes causas sociales que se pueden presentar.
Lima, se ha convertido en una jungla, donde cada quien pelea por sus propios fines sin pensar en el resto y el impacto que sus acciones pueden causar en los otros, en el medio ambiente y por ende, en su propia vida. No nos damos cuenta que somos parte del todo, de la naturaleza, de la sociedad y que vivimos en un mismo sitio y por ende, tendríamos que ser solidarios porque de una u otra manera, las consecuencias de las decisiones que tomamos, malas o buenas, regresan a nosotros.

Nos quejamos del caos vehicular, pero si está en nuestras manos cumplir con las normas, no lo hacemos. ¿Por qué?, Porque nadie lo hace, ¿Por qué sería yo la única tonta que lo haga?. No me interesa, que se joda el resto. Como todos pensamos así, el caos continúa. No nos damos cuenta que nosotros mismos generamos el caos del que tanto nos quejamos. Siempre he pensado que el cambio empieza en uno mismo y no hay por que estar viendo que hace el resto para recién optar por hacer las cosas bien. Haz las cosas bien y ya.
Piensa que si tú empiezas con el cambio, tu actitud se puede contagiar a otros, y así seríamos muchos más los que hacemos las cosas bien. 

Nos quejamos de la corrupción, pero casi el 80% de la población tolera la corrupción. Entonces, ¿Por qué nos quejamos de las entidades o personas corruptas si nosotros mismos avalamos estas conductas y no las denunciamos?. Ay si, ay si, "policia coimero", pero bien que le damos su "propina" para que no nos ponga la multa. No seamos más cómplices.

Nunca dejaré de pensar que el Perú es el país del revés. Quiero que deje de serlo.

Y así, la lista de ejemplos puede ser infinita, desde el que toca el claxon innecesariamente para que el carro de adelante se mueva, sin importar que ese ruido fastidia a quienes nada tienen que ver en el asunto, alegando el clásico: "¿Y a mi que me importa?, que se jodan", hasta el que tira basura por la ventanas de los microbuses o en las veredas, alegando el también clásico: " Es que no hay tacho pe". Recuerdo que una vez, cuando era universitaria y viajaba en combi, vi a una señora que estaba comiendo unas galletas con su pequeña hija y cuando terminó, lanzó el envoltorio de las galletas por la ventana de la combi. Me dirigí a ella y le dije: ¿Por qué tira basura por la ventana?, a lo que me respondió de manera tosca: "No te metas, ese no es tu problema". Pues esa señora estaba equivocada, sí era mi problema. Tanto ella como yo vivimos en la misma ciudad y a ambas nos gusta tener una ciudad limpia. Algo de efecto hizo mi comentario porque luego sacó un paquete de maní y cuando lo terminó guardó la envoltura en la cartera.

Estos pensamientos siempre rondan por mi cabeza y justamente hoy, sin quererlo ni buscarlo, el recuerdo de François Vallaeys vino a mi mente y todos los maravillosos cuentos narrados por él, que una vez escuché. François, es filósofo y cuenta cuentos, muy comprometido con la responsabilidad social.

Las Lagartijas, es un cuento popular africano y forma parte de la compilación de audio cuentos:  "Hace tiempo que nunca".
Hacer toda esta introducción es algo tonto, porque el cuento se entiendo por sí solo y no necesita explicaciones, pero no podía dejar pasar este "recuerdo de hoy" para hablar de algo en lo que pienso todos los días.












miércoles, 24 de julio de 2013

Te cuento un cuento

Esta publicación, a diferencia de las otras, no tendrá fotos mías, de amigos o familiares. He tomado libremente fotos de internet para graficarla.

***

Me quedé un poco enviciada con la primera temporada de "Once upon a time",  tanto así que me puse a investigar acerca de los cuentos de Hadas y para quienes me conocen, saben que cuando investigo un tema, rebusco en mi memoria, en internet y realmente me obsesiono.

Recuerdo que una amiga del colegio me habló acerca de un libro llamado "Psicoanálisis de Cuentos de Hadas" (me imagino que se refería al de Bruno Bettelheim, 1976), el cual desenredaba el verdadero significado de dichos cuentos y cual era su real repercusión. Ella me habló acerca del significado del rojo de la caperuza de "Caperucita Roja" y en todo su relato, no dejaba de haber un contenido sexual. Esta conversación me hizo recordar una película que vi cuando tendría diez u once años:  "En Compañía de Lobos" por TNP (hoy TV Perú). Ésta es una película de culto, oscura y no entiendo cómo a ese corta edad ya veía películas como esa, pero este no es el tema. 
Después de eso, mi visión de los cuentos de Hadas no fue la misma.




Nunca puse atención extra a  "La Sirenita", "La Bella y la Bestia", "Blanca Nieves" ni a ninguna otra princesa. De niña, mi mamá nunca me metió por los ojos a las princesas, pero sí recuerdo haber ido al cine a ver una que otra película o haber leído uno que otro cuento. Creo que tampoco me interesaban mucho.
No es sino hasta el año 2005 que vuelvo a pensar en los cuentos de hadas y es por la lectura de otro libro: "Las Mujeres que aman demasiado" de Robin Norwood (1985). 

Si has seguido mi blog desde el inicio, podrás ver que en mi primera publicación,  hablo del segundo cisma de mi vida adulta. Parte de esta experiencia consistió en verme al espejo y darme cuenta que es lo que hacía mal y aunque no soy partidaria de libros de auto ayuda, este libro me ayudó. Pero, nuevamente, este no es el tema.

Dentro de este libro, hay un capitulo donde la autora habla acerca de los cuentos de hadas y hace especial énfasis en el cuento de "La Bella y la Bestia". En este cuento, la Bella ama incondicionalmente a la Bestia, tolerando sus "bestialidades" y poco a poco con su amor, el verdadero amor, desinteresado y paciente, logra que él cambie, convirtiéndose en un príncipe y dejando de ser "bestia". Según la autora, esta conducta genera "mujeres que aman demasiado", mujeres que con su "amor" lograrán cambiar al hombre. Ésta es una tendencia cultural bastante arraigada, donde el sufrimiento de la mujer en todo el proceso, es recompensado precisamente con el cambio de bestia a príncipe. Pero hablando en serio, un hombre golpeador, por ejemplo, ¿Cambiará solamente con "nuestro amor"?. Yo creo que no.  Igual las otras princesas, que han necesitado ser "rescatadas" para vivir feliz "ever after" por un príncipe azul ya sea de la miseria humana como Cenicienta, del sueño eterno como La Bella Durmiente o del hechizo de una bruja como Blancanieves. Ninguna se salva, ni Fiona que vive feliz con su Schrek.

Es aquí cuando los cuentos de hadas cobraron otro cariz para mí y me cuestioné si quería eso para mis futuras hijas. ¿Podría entonces, leerles un cuento de Hadas sin pensar que estaría inconscientemente preparándolas a ser mujeres que aman demasiado?.

Volviendo a "Once upon a time". Me perdí algunos capítulos, me parecían curiosos algunos personajes y es así como llego a buscar acerca de "Rumpelstiltskin" ya que no recordaba exactamente su origen y cual sería su papel exacto en la serie. Me acordaba de un capítulo de esa serie de cuentos de hadas que emitían por Global TV, pero no más, así que acudí a Wikipedia (sí, Wikipedia) y una cosa lleva a la otra y he aquí el origen de esta publicación.

Fue así como llegué a los Hermanos Grimm (Siglo XIX). Resulta que estos hermanitos, no fueron los creadores de estos cuentos, como muchos pueden creer, sino unos compiladores de narraciones folclóricas que se pasaron de boca a boca, generación tras generación, desde la edad media y se la pasaron "arreglando y suavizando" algunos de los cuentos anteriormente publicados por Charles Perrault (Siglo XVIII) adaptándolos para niños .  

Y es aquí donde se pone buena la cosa.
Buscando y buscando, llegué a encontrar el lado oscuro de estos cuentos, el lado poco conocido (al menos para mí) y llegué a horrorizarme.

Hansel y Gretel
Por ejemplo, narraré el origen  real del cuento que más me impresionó: "Hansel y Gretel". En resumen, Hansel y Gretel son abandonados en el bosque y encuentran la casa de una bruja que se los quiere comer. Al final, logran escapar y regresan con su padre. La historia real, dista mucho de esta versión suavizada por los Hermanos Grimm. Aparentemente la narración vendría desde la edad media y se origina en las aldeas medievales donde algunas prácticas inhumanas eran comunes tales como el abandono, el infanticidio y el canibalismo. En el siglo XIV, una gran hambruna azotó Europa del Norte (p.e. Alemania, país originario del cuento), razón por la cual, muchas familias se vieron en la necesidad de abandonar a sus hijos a su suerte en  medio del bosque, era necesario tener menos bocas que alimentar, o en el peor de los casos, llegaban a matar niños. Posterior a esto, las prácticas de canibalismo eran comunes. En la Edad Media, en una situación de hambre extrema, el más humano se vuelve caníbal. Existen algunas otras interpretaciones adicionales del cuento y si quieres leer más, lo puedes encontrar aquí.



Me come el lobo
Nuevamente Caperucita Roja sale a la palestra y su origen no es muy distinto. El cuento original tiene una alta carga sexual y erótica que no se nota (o al menos se trata de ocultar) en el cuento que todos conocemos. El canibalismo nuevamente aparece, porque en el cuento original, el lobo comería la carne de la abuelita y haría que la tierna e inocente Caperucita también lo haga. Macabro, ¿no?. La figura del lobo como hombre tendría también un contenido sexual, si le sumamos a eso que en el cuento original, Caperucita se acuesta  desnuda en la cama de al abuelita junto a él y recordamos la preguntas ingenuas de la pueril Caperucita acerca de porque tiene o no ojos o manos o boca tan grande, pues la historia cae de madura. Aparte, pareciera que Caperucita quería ser seducida porque ella sabía el camino, sin embargo hizo caso al lobo. Finalmente la moraleja de este cuento para esas épocas, era que las niñas no deben hablar con extraños pues se las terminarían comiendo, considerando que la figura del lobo es metafórica. Recordemos que eran tiempos en los que la seguridad no era mejor que la de ahora. Más información aquí

Para ir cerrando ideas, Cenicienta tampoco escapa de la tortura porque aparentemente hay un trasfondo de mutilación en la escena donde las hermanastras se miden las zapatillas, ya que realmente, para que puedan caber sus pies, se los mutilaron y todo por casarse con un príncipe. Otros cuentos tienen una fuerte influencia mitológica, como es el caso de La Bella Durmiente.

Es asi como los cuentos de hadas tienen un origen distinto al que creemos y muchas veces es más impresionante del que pensamos.

Volviendo a las interpretaciones de Bettelheim, él afirma que es necesario que los niños tengan la magia de los cuentos de hadas en sus vidas para poder crecer con un autoestima firme y entendiendo cada uno de los conflictos existenciales que a su corta edad puedan tener. Cada cuento de hadas ayudaría entonces a superar estas etapas inevitables en su crecimiento. En su libro hace un análisis a fondo del trasfondo psicológico de cada cuento y valdría la pena leerlo. 

Dicho todo esto, después de haber leído interpretaciones diversas de los cuentos y cuál es su real origen, y sin negar que los niños necesitan la fantasía para crecer ¿Quieres que te cuente un cuento?.









jueves, 6 de junio de 2013

Pensamientos Embarazosos II : El Parto

El hecho de tener a una personita dentro, ya era bastante como para imaginarme cómo sería sacarla de ahí y que nadie salga herido en el intento.

Llegué tranquila a las 39 semanas. Luego de los angustiadores tres primeros meses, lo que siguió fue bastante tranquilo. De lo único que me puedo quejar de esa etapa fue la artritis que no me dejaba caminar mucho (sí, a las embarazadas nos da artritis, que así como viene, se va. La mía duró hasta el quinto mes post parto). 

Eran semanas lindas, preparando el cuarto de Rafaella, comprando su ropa, terminando su scrapbook y esperándola con mucha ilusión.

Astor custodiando la ropa de hermana menor
Foto: Rociolv

Papá y gato pintando el cuarto de Rafaella
Foto: Lita Chueca

Mi parto estaba programado para un 15 de noviembre. Hasta mi última cita mensual, en quincena de octubre, Rafaella estaba colocada correctamente (coronada) y no tenía "circulares" (el cordón umbilical alrededor del cuello). Según el doctor, mi parto podía adelantarse porque mi cuello uterino "había empezado a madurar". Yo quería trabajar hasta el último momento para que mi periodo post parto en casa sea más duradero, pero con esa noticia, tuve que pedir rápidamente mi licencia por maternidad para fines de octubre. En la siguiente cita con el doctor, él notó que mi cuello uterino no había madurado un centímetro más desde la última revisión. Debo decir que eso me frustró un poco.

Aprendiendo a respirar
Foto: Luis Morelli (Boni)
Para esas fechas ya había terminado mi taller de psicoprofilaxis y había aprendido las técnicas de relajación y de respiración para cuando vengan las contracciones y cómo reconocer los signos de parto. Nos dijeron a todas que el parto era nuestro y que tratáramos en lo posible de evitar cualquier intervención (cesárea) innecesaria y que tratemos de recibir al bebé lo más pronto posible en nuestro pecho y de ser posible dejarlos que lacte el calostro. De esta manera, reducimos el stress del nacimiento en un bebé y la angustia que puedan sentir después de estar en un medio líquido, cálido, oscuro y tranquilo, escuchando los latidos del corazón de mamá y sus ruidos gástricos para luego pasar a un medio seco, iluminado, ruidoso, sucio y donde el latido de mamá ni su voz  están cerca. Nos decían por eso que impidamos que se lleven a nuestros hijos a la sala de bebés inmediatamente y que tratemos la primera noche pasarla junto a ellos, acurrucándolos y amamantándolos. A todo esto se le llama crianza con apego. Yo sabía que quería eso para mi hija.

No estaba segura si deseaba o no que me coloquen anestesia epidural. Había oído historias de madres que tuvieron un parto realmente natural y decían que dolía mucho, pero que ese dolor se iba cuando salía el bebé. No me asustaba el dolor, me asustaba la idea de cómo un ser de más de tres kilos iba a salir por un canal tan pequeño.

Bueno, con todo ese conocimiento y con esas dudas, una noche, una semanas antes de parir, me vinieron las llamadas "contracciones de ensayo" y no hice más que ponerme nerviosa, traté de tranquilizarme y creo que lo logré cuando me dormí unas dos horas después. Boni me ayudaba a llevar la cuenta y eran contracciones sin ritmo y sin una frecuencia constante. Llamé al doctor al día siguiente y me dijo que no tenía porque preocuparme aún.

El 13 de noviembre tuve mi cita de la semana 40. Las citas semanales anteriores indicaban que todo seguía igual, que mi cuello uterino estaba más verde que un limón. El resultado de esa cita no fue distinto. El doctor me dijo lo siguiente: "flaca, no me gusta que mis pacientes lleguen a más de las 40 semanas, pero es tu decisión. Yo te recomendaría internarte hoy día para tratar de inducir la maduración de tu cuello y ver que pasa"  El motivo de no querer pasar de la semana 40 es que la placenta (que alimenta y oxigena al bebé) se envejece, es decir, se calcifica y no es una placenta óptima ya que no oxigena bien al bebé. Yo no quería que mi hija corra riesgos, asi que esa noche fuimos, Boni y yo, a la casa y recogimos nuestras cosas (mías y de Rafaella) que ya estaban perfectamente listas y fuimos a internarnos a la clínica. Cada médico tiene su propio criterio y yo confío plenamente en el criterio del mío. Yo no quería esperar a "ver que pasaba" una semana más, no quería que por esperar, luego me digan que tenían que practicarme una cesárea.

No avisamos a nadie, sólo lo sabía mi suegra que estaba en la casa en ese momento. Boni y yo ya habíamos tomado la decisión de hacerlo así. No queríamos el cuarto de la clínica lleno de gente. Si una personita tan chiquita y confundida acababa de llegar, lo mínimo que podíamos hacer, era darle un lugar cálido y silencioso y  yo, que había optado por la lactancia materna exclusiva, como primeriza, necesitaba privacidad. Conociéndonos, ambos los preferimos así y por eso comunicamos días antes a nuestros padres y amigos más cercanos que avisaríamos horas después del nacimiento, no inmediatamente y que preferíamos que fueran a la clínica, de ser posible, al día siguiente. Queríamos estar solos, los tres, juntos como familia, en privado en ese momento en que trajeran a Rafaella al cuarto y que empezáramos a conocernos. Algunos no lo entendieron y hasta caras largas me pusieron, pero bueno, pensé que si me querían, iban a respetar nuestra decisión. Habrá a quienes les encantaría tener a toda la familia en el cuarto, pero a mi no, me abrumaría en vez de sentirme feliz.

Esa noche en la clínica, después del famoso enema,  me colocaron un medicamento para mi cuello uterino y me dijeron que duerma, así que dormí. A la mañana siguiente, fueron a revisarme a las ocho de la mañana y ya había dilatado, sí, el medicamento hizo efecto. En ese momento, me pusieron otro medicamento para inducir las contracciones. En menos de dos horas yo ya había dilatado a tres. Las contracciones eran realmente insoportables y tuve que pedir la epidural a gritos. Las contracciones inducidas son mucho más severas que las naturales. El efecto de la anestesia se iba muy pronto y tuvieron que ponerme hasta tres dosis en menos de tres horas. A las once de la mañana "rompo fuente" y ya había llegado a ocho de dilatación. Al medio día, la cabeza de Rafaella se dejaba ver después de dos pujadas y ya estaba en diez. Mi trabajo de parto fue bastante corto. Boni iba a estar presente en el nacimiento. El momento había llegado.

Hola, soy tu mamá, no hay por qué llorar.
Foto: Luis Morelli (Boni)
Me trasladaron a sala de partos y luego de tres pujadas indoloras, a las 12:21 p.m., de un 14 de noviembre del 2012, Rafaella vio la luz del mundo por primera vez. Todo fue tan rápido que sólo derramé tres lágrimas. Ella lloraba muy fuerte y mientras la atendían yo sólo quería que esté sana y completa. A los pocos minutos la trajeron conmigo, su carita estaba hinchada y lloraba reclamando a su mamá, no dándose cuenta que era su mamá quien ahora la cargaba. Me reconoció luego de unos minutos y se calmó. Se la llevaron casi dos horas a la sala de bebés, mientras terminaban de atenderme, expulsaba la placenta, suturaban la episiotomía que me practicaron y frenaban alguna pequeña hemorragia que pudo suscitarse. Hubiera querido quedarme con ella todo ese tiempo, pero estaba demasiado eufórica y anonadada por no decir "estúpida" por el milagro que acababa de ocurrir como para siquiera pedirlo.

Cuando llevaron a Rafaella a mi cuarto, ya cambiada y serena, la amé con todo mi corazón y agradecí realmente estar sola, quería ese momento solo para las dos. Sólo faltaba Boni que fue a casa a bañarse.  Cuando estuvimos los tres juntos, la felicidad fue completa. Eramos tres enamorados mirándose por primera vez. Es necesario estar a solas en esos momentos.

Estoy de acuerdo con los partos naturales. Hubiera querido no tener que necesitar epidural porque deseaba aguantar el dolor hasta donde pudiera, pero éste era tan intenso, que no tuve alternativa. Hubiera querido que mi necio cuello uterino madure por si mismo, para que mis contracciones sean naturales, pero nunca lo hizo. Era decidir eso, o esperar una semana más, sabiendo lo que podría pasar o en el caso final, una cesárea (que no estaba en mis planes). Yo quería luchar hasta el final por un parto lo más natural posible.
Estoy de acuerdo también con parir en sitios donde respeten tu parto o parir bajo el agua, con los partos privados y respetuosos de la vida de ambos seres que lo protagonizan, pero con lo que no estoy de acuerdo es que esos sitios no están dentro de una clínica u hospital (al menos en Perú). Quienes promueven este tipo de nacimientos, están en desacuerdo con el parto en las clínicas porque hay demasiada manipulación del recién nacido y no dejan que forme con la madre los vínculos inmediatos para desarrollar el apego. Algo que olvidan, es que muchas muertes se evitan al parir en una clínica. El solo hecho de estar conectada a una vía endovenosa y tener una Unidad de Cuidados Intensivos cerca, te da la seguridad que ante alguna distocia que merite una cesárea de emergencia, hemorragia, descompensación, falta de respiración del bebé o algo peor, puedas recibir atención médica inmediata. En esos momentos, los minutos son valiosos. Si das a luz en un sitio, por muy casa de nacimiento que sea (o hasta tu propia casa), y te ocurre una desgracia al momento del parto, el solo hecho de trasladarte o esperar la ambulancia, puede ser mortal. Esa es mi única objeción. Llámenme "maricona" o pesimista, yo prefiero llamarme precavida.  Mi madre, por ejemplo, cuando dio a luz a mi hermana mayor, tuvo una hemorragia muy severa y pudo morir si no recibía atención rápida. Si hubiera dado a luz en su casa, como lo hizo con mi hermano mayor, tal vez, yo no estaría escribiendo estas líneas. Hace poco escuchaba por la radio a Adelina Villalobos, obstetriz, que indicaba que la cantidad de muertes perinatales se habían reducido considerablemente gracias a la atención de partos en centros de salud. ¿Cómo no creerle a esta señora?.

¿Qué hacer entonces?  ¿Por qué no tener lo  mejor de los dos mundos? Todas las clínicas (no sólo la clínica "Cada Mujer"  - al menos es la que sé-) deberían ofrecer este tipo de partos (naturales) y así asegurar una buena atención en caso de alguna eventualidad. O ¿por qué no?, que estas casas de nacimiento tengan una unidad de primeros auxilios instalada. El resultado sería: madres más felices y relajadas y bebés menos intervenidos y felices y relajados como sus madres. Pero cuando no, yo, pensando en utopías. Quisiera que esta utopía sea alguna vez una realidad. El parto debe ser respetado sea donde sea que se realice.

Finalmente, en el momento de mi parto, con tanta emoción encima, me olvidé del momento en que el doctor debía cortar el cordón umbilical (tres minutos después del nacimiento), que Boni corte el cordón (no lo cortó), del apego (Rafaella estuvo casi dos horas en sala de bebés, lejos de mí) y de muchas otras cosas que te recomiendan. Aún asi, no cambio mi parto por nada, fue único, fue el momento en que conocí a Rafaella y fue nuestro e íntimo. Cuando estuvimos juntas, ella lactó el calostro instintivamente y desde ese momento el apego empezó, dos horas tarde, pero no importa. El apego continúa y ella recibirá siempre lo mejor de mí y de su papá. Si tengo otro bebé, tal vez lo haga distinto, ya tengo la primera experiencia. Una cosa es que te recomienden mil cosas o leas y veas mil cosas y otra es vivir para contarla. De repente me anime a parir bajo el agua y de hecho que trataría de tener contacto piel a piel lo más temprano posible con mi bebé y reclamaría algunos otros derechos que la primera vez no reclamé. Nadie nace sabiendo.

Rafaella y yo en pleno aprendizaje.
Foto: Viviana Ledesma

Si te interesó esta historia, puedes leer la previa:

Pensamientos Embarazosos I: Embarazo

y las que siguen...

Pensamientos Embarazosos III : La Lactancia








miércoles, 22 de mayo de 2013

Inmortales

Comenzaré desde el principio.
Boni y yo, siendo inmortales y decidiendo estar siempre juntos.
Foto: Walter Higueras 
Existe una canción de "Cementerio Club" llamada "Inmortales". Boni y yo la elegimos como parte de las canciones que acompañarían nuestro vídeo de matrimonio religioso en el año 2010. No analicé mucho la letra, es más, no entendía partes de ella. Me gustaba mucho la parte que dice: "...y es que somos inmortales y siempre estaremos juntos...". Y es que pienso que él y yo somos inmortales y que siempre estaremos juntos. 

Siempre he tenido la capacidad de analizar eventos y hechos. Creo firmemente que las cosas no suceden por casualidad, todo tiene un porqué en esta vida. Aprendí que de toda experiencia se aprende, mala o buena y que existe un conocimiento inherente al ser humano del cual nos valemos para saber cómo actuar en determinadas ocasiones. Ese conocimiento es parte de uno mismo, no necesitas libros para aprenderlo, pero no todos son conscientes de ello y es por eso que en el mundo hay un desequilibrio. Ese conocimiento te religa con la naturaleza, con tu esencia y te hace ser mejor persona, te perfecciona, te cura, te sana, te salva y te ayuda a salvar a otros y ayudarlos en su evolución. Existe la perfección del espíritu.

Ayer, mientras esperábamos abordar nuestro avión, Ricardo, un compañero de trabajo, me prestó un libro del cual ya había oído hablar hacía unos años. Este libro se llama "Muchas vidas, muchos maestros" de Brian Weiss. Siempre pensé en leerlo pero no había encontrado la oportunidad. Pensé que era otro de esos libros de auto ayuda o de algún vendedor de ilusiones.
Estábamos conversando acerca de cómo uno puede emprender un proyecto sin desesperarse en llegar a la meta, proponiéndose metas cortas y alcanzables para que cuando pase un tiempo, sin querer, has llegado a conseguir parte de tu meta. Creo que si te pones metas diarias, pensando en que hoy es hoy y mañana es mañana, se puede llegar lejos. Me preguntó quien me había enseñado eso y le dije que yo misma lo había aprendido. Comenzamos entonces a hablar acerca del conocimiento y refirió el libro de Brian Weiss, el cual tenía en su maletín y me lo dió para que lo lea en el avión de regreso a Lima.

Empecé a leer el libro ávidamente y fui encontrando muchas cosas que había leído en otros libros o eran parte del conocimiento del cual hablo líneas arriba. Este libro trata acerca de la experiencia única del psiquiatra Brian Weiss al realizar una terapia de hipnosis a una paciente, donde fue descubriendo mediante regresiones que tuvo otras vidas anteriores y cuales fueron los motivos de sus traumas actuales, pudiendo sanarla en esta vida. En el ínterin, ella fue "medium" de los "maestros", espíritus guías y más evolucionados que se encuentran en el plano espiritual, quienes a través de ella le fueron dando una serie de enseñanzas al psiquiatra. 
Al finalizar el capítulo 11, había escrita una frase que llamó mi atención: "...Somos inmortales. Siempre estaremos juntos...". En resumen, todos nos reencarnamos y vivimos infinitas vidas y vamos evolucionando en cada una de ellas y por eso somos inmortales, nunca morimos. En esa serie de reencarnaciones, nos encontramos con nuestros seres queridos en nuestras diversas vidas, pero con diferentes papeles, por eso siempre estaremos juntos. Recordé inmediatamente la canción de "Cementerio Club" y puedo estar casi segura que Pepe Arbulú ha leído este libro. De pronto la canción comenzó a tener sentido.

Hola, nos volvemos a encontrar,
dime, tienes algo que contar
y es que el tiempo ha curado,  las heridas del pasado...

...sabes que el mundo no tiene fin,
llegas para volverte a ir
y es que somos inmortales
y siempre estaremos juntos
ya no debemos morir...

...yo siento que me vuelvo a enamorar, cuando tus manos soledad...

...pronto habrá otra vez que partir, donde nunca nadie  quiere ir,
y es que somos vagabundos, no tenemos ningún rumbo,
sólo sabemos vivir,

...ahora se que me vuelvo a enamorar, eterna compañera soledad...

...cuantas veces debemos morir...

No me equivoqué en elegirla para nosotros. Ya desde que leí "La Ley del Amor" de Laura Esquivel, creí que había un pedazo de mi alma regado por el mundo y que algún día nos reencontraríamos. Ahora que estamos juntos, me pongo a pensar cómo habremos sido en vidas pasadas, de repente él fue mi madre o mi esposo. Pienso en mi hija y seguro ella estuvo conmigo, dándome todo su amor que ahora en esta vida yo le devolveré. Porque de ahí viene el karma. Lo que hiciste en una vida pasada, te lo devuelven en esta. Aprendes de vida en vida y te perfeccionas.


Hoy por la mañana, ya en la oficina, enciendo la radio y escucho "Inmortales", canción poco emitida por las emisoras locales, pero emitida esta vez para mí. Abrí mi blog. Se cerró el círculo.
Nada ocurre porque si.



                                                             
               

lunes, 13 de mayo de 2013

Along came Astor

Foto: Rociolv

Llegó a mi casa una noche de invierno, un viernes, con la sorpresa de quien nada espera, solo un fin de semana de descanso. Allí estaba él, con sus cuatrocientos gramos a cuestas y aun con los pelos de barriga de su mamá, asustado, tembloroso y con muchas dudas acerca de su nuevo paradero. Lo vi y fue amor a primera vista. Boni lo tenía escondido en el cuarto de Lita y sólo lo llevó conmigo cuando estuvo seguro de que yo no sospechaba nada. Allí estaba, blanco y negro como lo había visto en las fotos, tan indefenso y aturdido, apenas cabía en mis manos. Olía aun a recién nacido, pero estaba sucio porque el lugar de donde venía no era el más pulcro para un ser tan tierno y delicado como él. Lo adoré desde el principio y lo besé como al amor de mi vida.
Nos dirigimos rápidamente a la clínica veterinaria a buscar todo lo necesario para él; comida, arena, litera y espuma para baño en seco. Estaba listo para pasar la primera noche en casa.


Esa noche sería el inicio de una vida al servicio de un felino enano quien de manera muy fina y sutil hizo que dos humanos adultos sean nombrados sus fieles súbditos y sirvientes. Nuestra cama ya no fue nuestra sino suya; poco a poco fuimos desplazados a un rincón mientras el Rey Rojo tomaba posesión de su trono en la almohada desde donde nos obligaba a rendirle pleitesía, a llevarlo a su litera y luego limpiarle el poto a las tres de la madrugada. Hizo que padre y madre nos desveláramos por él con un solo maullido, poniendo atención en no aplastarlo mientras dormíamos.

El Rey Rojo era exigente e indiferente y sus padres respondíamos a esa indiferencia con mayor devoción y amor, esperando que tal vez de esa manera se digne dirigirnos una mirada.


Foto: Rocíolv
Los días pasaban y el Rey Rojo parecía ablandarse, pero como todo monarca, su graciosa majestad sabía dosificar sus momentos de atención hacia sus plebeyos padres.
Era ya casi una costumbre saludar a Boni por las mañanas con un trompazo en la nariz.
Subía por su pecho y acercaba su hocico a la cara de Boni, quien respondía con una caricia en su lomo y eso bastaba para que el chino se baje de la cama y le de un colazo en la cara, ignorándolo de nuevo como respuesta a su atrevimiento.

Conmigo él era más benevolente. Debido a mi insistencia, lo cargaba cada que vez que llegaba a la casa y él aparentemente emocionado me recibía dándome besos o mejor dicho lengüetazos en la cara. Poco duraba mi emoción ya que ni bien terminaba de saludarme, se escurría de mis brazos y volvía al piso. Esta rutina se repite todos los días.

Reycito Rojo vive en su mundo paralelo donde una bolsa parece ser el juguete más preciado y entretenido, donde el televisor es el lugar más caliente donde dormir por las tardes, donde una polilla es ideal para perseguirla y correr por toda la casa, donde el planchador puede ser el trono elegido por un Rey que no necesita de corona para serlo y donde mis brazos son el lugar ideal para afilar las garras y los colmillos, dejándome luego cual Cristo en Viernes Santo.

Reycito Rojo sigue buscando el menor rayo de sol para calentarse a pesar de ser otoño y por las mañanas olvida su linaje de sangre azul, desciende al llano y me despierta con su patita para pedirme que lo deje entrar entre las sábanas y acurrucarse entre mis piernas para seguir durmiendo caliente.

Foto: Rociolv

Desde que llegó Astor, mi vida no es la misma. Debo confesar que acepté de manera estoica las disposiciones del monarca que me obliga a darle de comer la mejor comida que existe y a estar pendiente de todos sus arrebatos, como por ejemplo dejarlo mirarme mientras me baño, solo porque le gusta el sonido del agua. Él a cambio me da una lamida cada vez que lo cargo y posa para cada foto que suelo tomarle, ya que como sus ancestro monarcas europeos, es un poco exhibicionista y fisgón.

Ahora está a mi lado, mirándome celoso, como cada vez que tengo la osadía de ignorarlo o cambiarlo por la laptop y el celular. Lo miro fijamente y trato de tocarlo, él se deja y cierra los ojos mientras lo acaricio y le rasco la cabeza Abre su hocico y me da un mordisquito. Después de todo, su alteza sí me quiere.

Lima, 2009

jueves, 18 de abril de 2013

Boni sin arrugas

Foto: Rocio Orosco La Vera

Lo vi. Bajando del cerro Casuarinas por la avenida del mismo nombre, casi a la altura del club de la PIP. Lucía diferente de como lo recordaba, bastante más delgado, tal vez tenía más cabello, siempre ensortijado pero ni una sola cana. Su rostro no tenía las líneas de expresión de cuando lo conocí. Siempre me preguntaba porque no llegué antes a su vida para no mirarlas y ahora sin quererlo veía su rostro sin una de ellas.

No me vio. 

Caminé detrás de él, sin hacer ruido para no despertar sospechas. Seguí su camino por la avenida Casuarinas hasta llegar a la Panamericana Sur. Conservaba su forma de caminar, era inconfundible.
El día anterior habíamos estado juntos y hoy era una persona diferente, incluso parecía menor que yo. Tenía una mochila en la espalda y uniforme escolar, recién me percataba de eso. Me dieron ganas de correr y abrazarlo, pedirle una explicación, pero preferí continuar.

Una vez en la Panamericana Sur, subió a un ómnibus que tomaba la ruta hacia el norte, tomé el mismo bus y me quedé observándolo desde el asiento de atrás. Estaba parado y sujeto del pasamano, de vez en cuando cerraba los ojos como si tuviera sueño, por un momento sentí que me miró pero no me reconoció. Continué observándolo, tratando de averiguar qué pensaba, a donde iría, que hacía tan lejos de casa. De pronto dijo: Bajo en Angamos.

Bajé detrás y lo seguí hasta el siguiente paradero, tomó otro ómnibus con dirección a Miraflores y esta vez me senté detrás de él. El ómnibus estaba vacío. Al tenerlo tan cerca no pude resistirme a acercarme a él y sentir su olor, era el mismo. Todos tenemos un olor que nos identifica y el de él, para mí, era inconfundible. Cerré los ojos y  la nostalgia de nuestros días me invadió por completo. No terminaba de recordar cuando de pronto volvió a decir: Bajo en Arequipa.

Continué caminando pacientemente, con cautela, no debía notar mi presencia. Caminamos dos cuadras hasta llegar a una esquina, a lo que parecía ser un colegio (si estaba con uniforme escolar, no había otro lugar al que pudiera ir a esas horas de la mañana). Entró y para no levantar sospechas me quede afuera esperando. Me imaginé que las horas parecerían interminables mientras esperaba, quería que sean las dos de la tarde de una vez (consulté al conserje sobre la hora de salida). Caminé por la avenida Arequipa hasta llegar al óvalo, vi el león de los Rotarios a la derecha, la tiendecita blanca a la izquierda. Seguí hasta el parque Kennedy y me senté en una de las bancas. Comí una butifarra. Trate de no pensar en nada. Miré mi reloj y eran la una y media. No entendí porque el tiempo pasó tan rápido, y no iba a cuestionármelo en ese momento. Corrí lo más rápido que pude y en ese corto tiempo que me quedaba decidí hablarle.

Me detuve en la puerta de salida y vi como uno tras otro salían, hasta que él salió. Me paré frente a él para ver su reacción. Parecía no inmutarse y me miraba con preocupación. ¿Acaso no me reconoces?, soy yo, Rocío, tu chiquita, le dije en un tono desesperado.

Dijo no conocerme, nunca haberme visto en su vida, que estaba loca, que lo dejara en paz. Sus palabras exactas fueron: sal de acá (acompañados de un ademán con la mano). 
A medida que escuchaba todas y cada una de sus palabras como un eco en mi cabeza, sentí cómo poco a poco me iba desvaneciendo y cómo las lagrimas se me salían de los ojos, le pedía que por favor, por favor…
De pronto cogió mis hombros y comenzó a sacudirme. Rocío, chiquita, ¡Qué tienes!, ¡Despierta!. Abrí los ojos y ahí estaba él, mirándome, con todas sus arrugas en el rostro, no le faltaba ni una, su cabello entrecano pero aun ensortijado, ya no tan delgado como lo vi hacía unos minutos. Miré alrededor y reconocí mi habitación. Ay chiquita, me dijo, seguro has tenido uno de esos sueños raros que siempre tienes, me secó las lagrimas con sus manos y me abrazó.

Lima, julio del 2009

jueves, 11 de abril de 2013

¡Hasta que por fin!

Finalmente veo el trailer de: "Before Midnight", película protagoniza por Ethan Hawke y Julie Delpy y última parte de la trilogía "Antes de...".
Esta película se estrenó en el Festival de Sundance del 2013 y ha tenido muy buenas críticas.

El trailer me ha dejado con muchas preguntas en la cabeza y no se si serán ciertas mis sospechas.

¿Qué nos querrá decir Linklater esta vez? Asumo que Jesse perdió el avión y se quedó con ella en París bailando un vals. Asumo que esas niñas rubias son sus hijas y que están de vacaciones en Grecia, juntos, como familia feliz. Asumo también que tienen un día, justo antes de la media noche para descifrar si lo suyo fue una ilusión juvenil, un amor verdadero o si están pasando por una crisis. 

A veces creo que esas historias fantásticas, donde conoces a alguien que crees que es tu media mitad, deben  quedar ahí, así como están. Traerlas a la realidad puede matarlas. El amor es más que sentir cosquillas en el corazón. Es más bonito el recuerdo de algo que pudo ser a tener algo que ocurrió y se acabó como vino. 

Me muero por ver la película...He seguido a ambos desde que se conocieron en Viena y luego se reencontraron en París. Llegaron a mi vida en momentos necesarios y parecidos. Jesse y Celine son inolvidables para mi.

Sigo preguntándome si existe el amor a primera vista...


Entrada anterior, por si no la leiste





lunes, 1 de abril de 2013

All I need is the air that I breath

Sometimes...

Una mañana de domingo Pachelli me despierta con esta canción. No fue dedicada específicamente a mi, pero abrí los ojos y fue lo primero que escuché. Sentí bonito en el corazón. Miraba fijo a Pachelli. Él continuaba ordenando sus discos. Eran días en los que la música era frecuente en nuestro cuarto los domingos por la mañana.

"The air that I breath" - The Hollies


Años después, pocos días antes del 21 de diciembre del 2012 (pronosticado fin del mundo por los Mayas), me encontraba con mi hija casi recién nacida viendo "Seeking a friend for the end of the world" ("Buscando un amigo para el fin del mundo"). Me quedé dormida. Minutos después, despierto con la misma melodía de hace unos años, veo una escena en el televisor, volteo, mi hija está durmiendo a mi lado. Sentí lo mismo en el corazón que aquella vez.

El 20 de diciembre del 2012, me acosté tarde, dejé muchas velas en el camino, aseguré mi casa y mientras arropaba a  Pachelli y a mi hija, no podía dejar de pensar en esta canción y en la escena que vi cuando me desperté.

Ahora lo único que necesito, aparte del aire que respiro, son él y ella.

Ésta es la escena en que me despierto, el 1:31 minutos.


Trailer


A veces existen coincidencias que quedarán como gratos recuerdos.

Sometimes....

miércoles, 27 de marzo de 2013

Pensamientos Embarazosos I : Embarazo



Hubiera querido escribir este post hace algunos meses pero por algún motivo siempre lo postergaba.  Creo que ya no hay motivo para seguir haciéndolo.
Estuve embarazada hasta hace unas semanas y quise escribir acerca de eso. Ya tengo a mi hija entre mis brazos y las sensaciones son muchas.

La idea de estar embarazada siempre rondó por mi cabeza y me imagina (como muchas) cómo sería, qué sentiría y cómo lo sobrellevaría. Me demoré mucho en concebir y no precisamente por no quererlo sino por causas que ya no quiero detallar. Lo único que puedo decir es que siempre lo quise, pero en febrero de este año decidimos dejar de buscar y fue ahí cuando ella decidió venir. Rafaella marcó su carácter desde ese momento: decidida, indomable, impredecible, espontánea y algo necia.

Panza incipiente - Foto por Luis Morelli
Sospeché de mi embarazo al sentir muchas náuseas mientras me encontraba en Holanda por un viaje de trabajo. Pensé que sería la comida grasosa del lugar o tal vez una giardiasis (nunca podré dejar de auto diagnosticarme), o tal vez un posible embarazo, pero dije, no creo. En fin, volví a Lima y de frente fui a realizarme una prueba de embarazo en sangre (nada de pichis). El resultado: seis semanas de gestación aproximadamente.


Los primeros tres meses fueron horribles. No quise comerme el cuento del embarazo bello y esperanzador. Estuve en cama casi todo el primer trimestre y fui a parar a la clínica porque me deshidraté y bajé seis kilos de peso, debido a un cuadro severo de hiperemesis gravidica. Mis nauseas y vómitos no cesaban, mañana, tarde, noche, tras noche, madrugada, amanecer y así día tras día, a punta de gravol y primperan. No podía pensar en cosas bonitas, todo lo que quería era que pase el tiempo y  lo único que me alegraba era ver las ecografía de mi hija, ver cómo crecía, sus huesitos, su cabecita, su columna y claro, la idea de saber que estaba dentro de mí, porque aun no podía sentirla para esas fechas.

Pensé muchas cosas en esa etapa, unas veces por mí y otras no tanto por mí, sino por lo que otras mujeres podrían pasar. ¿Qué pasaría con aquellas mujeres violadas que por infortunios del destino salen embarazadas y aun así deciden continuar con su embarazo sintiendo las nauseas que yo sentía? ¿Qué sentimientos de dolor y angustia pasarían por sus cabezas? Yo, a Dios gracias, tengo a mi esposo que me atendió cual enfermero todos los días, preparándome comidas a mi gusto, desde el desayuno, almuerzo y cena. Gracias a Dios tengo a Doris que dos veces por semana iba a mi casa a limpiarla y lavar mi ropa. Y digo gracias porque me ponía a pensar también en aquellas mujeres que sintiéndose como yo, tenían que trabajar porque otra alternativa no les queda, o las que no tienen quien las atienda, ni siquiera para alcanzarles un vaso con agua, o las que no tienen ni un sol para comprarse un miserable gravol. Pensaba en ellas y me ponía a llorar…sigo pensando y no entiendo cómo lo hacen.

Panza de 20 semanas - Autoretrato

Hace años leí una entrevista que le hicieron a Andrea Montenegro (lastimosamente conocida por sus intentos de suicidio entre otras cosas) acerca de su maternidad. Ella decía que cuando se enteró que estaba embarazada, todos los sentimientos de angustia y de temor se fueron por arte de magia. Yo pensaba que a mi me ocurriría lo mismo, que   las angustia que a veces siento y ese nudo en la garganta permanente se irían también, pero no fue así. Al enterarme, me sentí exactamente igual que el minuto anterior.

Lo que ocurre, a mi parecer,  es que te quieren vender una imagen de que el embarazo es un “curamuchachos”. El embarazo te salva la vida, te cambia, te transforma, te hace diferente. No creo que sea así.
Igual ocurre cuando leo algún “meme” en el Facebook indicando que “si no fuera madre tendría más tiempo pero no me sentiría completa”, me dan arcadas.

Si no has resuelto tu vida y no tienes una autoestima sólida, así tengas ochenta hijos, no podrás ser feliz si no eres feliz contigo misma, sola.  Asimismo, me parece tonto que algunas mujeres digan que son completas recién cuando son madres. ¿Perdón?, ¿Me perdí de algo?, ¿Qué podrían decir las mujeres que no pueden concebir? (yo era una candidata), claro, esas mujeres están condenadas toda su vida a ser incompletas. No me parece justo.

Volviendo a mi embarazo. Pasaron los primeros tres meses y las nauseas se fueron por arte de magia. Recién pude disfrutar de esta etapa porque poco a poco fui sintiendo los movimientos de mi hija y ya me sentía mejor.

No quisiera escribir sólo de las cosas lindas del embarazo, porque en líneas generales puedo resumir las sensaciones en dos palabras: INCREIBLE y HERMOSO.
Casi nadie habla de lo malo (porque todos hablan de lo lindo y pinky) y quiero ser honesta al decir a veces me sentía como el personaje de Elizabeth Banks en la película “What to expect when you're expecting” ("Qué esperar mientras estás esperando"-trailer líneas abajo), considerando que los últimos días ya casi no puedes caminar, te falta el aire y no puedes respirar, el reflujo es constante y la ropa no te queda, sientes que la piel de la barriga reventará en algún momento, ah y me olvidaba de los malos humores repentinos donde quieres mandar a todo el mundo a la fucking mierda. Felizmente no me hinché y no subí mucho de peso.

Finalmente, recurriendo a mi naturaleza, veo mi cuerpo y me doy cuenta que cómo mujer estoy hecha para tener hijos, tengo un útero para cobijarlo, dos glándulas mamarias para alimentarlo y dos brazos para acunarlo, por lo que a veces es casi imposible no oír el llamado de la naturaleza. No puedo negar mi condición de mujer. Respeto mucho a aquellas que deciden no ser madres y me solidarizo con aquellas que queriendo no pueden, porque las comprendo (yo era una candidata a serlo).

Sólo me queda decir que la maternidad es una experiencia única, inolvidable, mágica, agobiante a veces y que si no te completa, te da muchas más razones para ser feliz.

Panza a punto de estallar - Autoretrato


Escrito en diciembre del 2012 y terminado en marzo del 2013


ACTUALIZACION AL 31 DE MAYO DE 2017:
Luego de cinco años después de haber escrito esto, debo decir que algunas cosas han cambiado sobre todo en la forma de ver las cosas. En el momento de escribir esto, tenía una revolución de emociones encima y hasta ese momento no las pude ordenar.
Definitivamente la maternidad es arrolladora, te enfrenta con todos tus miedos y demonios. Revives carencias y es un momento clave para una mujer para encontrarse a si misma.
Cada mujer vive su maternidad de manera diferente y para mi (y ahora que lo veo en perspectiva), me sirvió para reconciliarme conmigo y entender y honrar mi naturaleza femenina.
Ahora que tengo las ideas más claras puedo decir que lo que escribí en ese momento solo fue una parte de lo que sentí y lo que no escribí fue por miedo, me enfoqué solo en lo malo queriendo ser honesta cuando pude hablar de lo bueno también y continuar siéndolo.
No hay que reprimir emociones, ni siquiera las buenas para tratar de agradar.
El malestar que sentí fue muy grande y tuve pensamientos muy feos en esos momentos, sí, pero también sentí mucho amor y ese amor sobrepasó cualquier malestar.



Si te interesó esta historia, puedes leer las siguientes:

Pensamientos Embarazosos II: El Parto
Pensamientos Embarazosos III : La Lactancia