Hubiera querido escribir este post hace algunos
meses pero por algún motivo siempre lo postergaba. Creo que ya no hay motivo para seguir
haciéndolo.
Estuve embarazada hasta hace unas semanas y
quise escribir acerca de eso. Ya tengo a mi hija entre mis brazos y las
sensaciones son muchas.
La idea de estar embarazada siempre rondó por
mi cabeza y me imagina (como muchas) cómo sería, qué sentiría y cómo lo
sobrellevaría. Me demoré mucho en concebir y no precisamente por no quererlo sino
por causas que ya no quiero detallar. Lo único que puedo decir es que siempre
lo quise, pero en febrero de este año decidimos dejar de buscar y fue ahí
cuando ella decidió venir. Rafaella marcó su carácter desde ese momento:
decidida, indomable, impredecible, espontánea y algo necia.
![]() |
Panza incipiente - Foto por Luis Morelli |
Sospeché de mi embarazo al sentir muchas náuseas
mientras me encontraba en Holanda por un viaje de trabajo. Pensé que sería la
comida grasosa del lugar o tal vez una giardiasis (nunca podré dejar de auto
diagnosticarme), o tal vez un posible embarazo, pero dije, no creo. En fin,
volví a Lima y de frente fui a realizarme una prueba de embarazo en sangre (nada
de pichis). El resultado: seis semanas de gestación aproximadamente.
Los primeros tres meses fueron horribles. No
quise comerme el cuento del embarazo bello y esperanzador. Estuve en cama casi
todo el primer trimestre y fui a parar a la clínica porque me deshidraté y bajé
seis kilos de peso, debido a un cuadro severo de hiperemesis gravidica. Mis nauseas y vómitos no cesaban, mañana, tarde, noche, tras noche,
madrugada, amanecer y así día tras día, a punta de gravol y primperan. No podía
pensar en cosas bonitas, todo lo que quería era que pase el tiempo y lo único que me alegraba era ver las
ecografía de mi hija, ver cómo crecía, sus huesitos, su cabecita, su columna y
claro, la idea de saber que estaba dentro de mí, porque aun no podía sentirla
para esas fechas.
Pensé muchas cosas en esa etapa, unas veces por
mí y otras no tanto por mí, sino por lo que otras mujeres podrían pasar. ¿Qué
pasaría con aquellas mujeres violadas que por infortunios del destino salen
embarazadas y aun así deciden continuar con su embarazo sintiendo las nauseas
que yo sentía? ¿Qué sentimientos de dolor y angustia pasarían por sus cabezas?
Yo, a Dios gracias, tengo a mi esposo que me atendió cual enfermero todos los
días, preparándome comidas a mi gusto, desde el desayuno, almuerzo y cena.
Gracias a Dios tengo a Doris que dos veces por semana iba a mi casa a limpiarla
y lavar mi ropa. Y digo gracias porque me ponía a pensar también en aquellas
mujeres que sintiéndose como yo, tenían que trabajar porque otra alternativa no
les queda, o las que no tienen quien las atienda, ni siquiera para alcanzarles
un vaso con agua, o las que no tienen ni un sol para comprarse un miserable
gravol. Pensaba en ellas y me ponía a llorar…sigo pensando y no entiendo cómo
lo hacen.
Hace años leí una entrevista que le hicieron a
Andrea Montenegro acerca de su maternidad. Ella decía que cuando se enteró que
estaba embarazada, todos los sentimientos de angustia y de temor se fueron por
arte de magia. Yo pensaba que a mi me ocurriría lo mismo, que las angustia que a veces siento y ese nudo
en la garganta permanente se irían también, pero no fue así. Al enterarme, me sentí
exactamente igual que el minuto anterior.
Lo que ocurre, a mi parecer, es que te quieren vender una imagen de que el
embarazo es un “curamuchachos”. El embarazo te salva la vida, te cambia, te
transforma, te hace diferente. No creo que sea así.
Igual ocurre cuando leo algún “meme” en el
Facebook indicando que “si no fuera madre tendría más tiempo pero no me sentiría
completa”, me dan arcadas.
Si no has resuelto tu vida y no tienes una
autoestima sólida, así tengas ochenta hijos, no podrás ser feliz si no eres
feliz contigo misma, sola. Asimismo, me
parece tonto que algunas mujeres digan que son completas recién cuando son
madres. ¿Perdón?, ¿Me perdí de algo?, ¿Qué podrían decir las mujeres que no
pueden concebir? (yo era una candidata), claro, esas mujeres están condenadas
toda su vida a ser incompletas. No me parece justo.
Volviendo a mi embarazo. Pasaron los primeros
tres meses y las nauseas se fueron por arte de magia. Recién pude disfrutar de
esta etapa porque poco a poco fui sintiendo los movimientos de mi hija y ya me
sentía mejor.
No quisiera escribir sólo de las cosas lindas
del embarazo, porque en líneas generales puedo resumir las sensaciones en dos palabras:
INCREIBLE y HERMOSO.
Casi nadie habla de lo malo (porque todos hablan de lo lindo y pinky) y quiero ser honesta al decir a veces me
sentía como el personaje de Elizabeth Banks en la película “What to expect when you're
expecting” ("Qué esperar mientras estás esperando"-trailer líneas abajo), considerando que los últimos días ya casi no puedes caminar, te
falta el aire y no puedes respirar, el reflujo es constante y la ropa no te
queda, sientes que la piel de la barriga reventará en algún momento, ah y me olvidaba de los malos humores repentinos donde quieres mandar a todo el mundo a la fucking mierda. Felizmente no me hinché y no subí mucho de peso.
Finalmente, recurriendo a mi naturaleza, veo mi
cuerpo y me doy cuenta que cómo mujer estoy hecha para tener hijos, tengo un útero
para cobijarlo, dos glándulas mamarias para alimentarlo y dos brazos para
acunarlo, por lo que a veces es casi imposible no oír el llamado de la
naturaleza. No puedo negar mi condición de mujer. Respeto mucho a aquellas que
deciden no ser madres y me solidarizo con aquellas que queriendo no pueden,
porque las comprendo (yo era una candidata a serlo).
Sólo me queda decir que la maternidad es una
experiencia única, inolvidable, mágica, agobiante a veces y que si no te
completa, te da muchas más razones para ser feliz.
Panza a punto de estallar - Autoretrato |
Escrito en diciembre del 2012 y terminado en marzo del 2013
ACTUALIZACION AL 31 DE MAYO DE 2017:
Luego de cinco años después de haber escrito esto, debo decir que algunas cosas han cambiado sobre todo en la forma de ver las cosas. En el momento de escribir esto, tenía una revolución de emociones encima y hasta ese momento no las pude ordenar.
Definitivamente la maternidad es arrolladora, te enfrenta con todos tus miedos y demonios. Revives carencias y es un momento clave para una mujer para encontrarse a si misma.
Cada mujer vive su maternidad de manera diferente y para mi (y ahora que lo veo en perspectiva), me sirvió para reconciliarme conmigo y entender y honrar mi naturaleza femenina.
Ahora que tengo las ideas más claras puedo decir que lo que escribí en ese momento solo fue una parte de lo que sentí y lo que no escribí fue por miedo, me enfoqué solo en lo malo queriendo ser honesta cuando pude hablar de lo bueno también y continuar siéndolo.
No hay que reprimir emociones, ni siquiera las buenas para tratar de agradar.
El malestar que sentí fue muy grande y tuve pensamientos muy feos en esos momentos, sí, pero también sentí mucho amor y ese amor sobrepasó cualquier malestar.
Luego de cinco años después de haber escrito esto, debo decir que algunas cosas han cambiado sobre todo en la forma de ver las cosas. En el momento de escribir esto, tenía una revolución de emociones encima y hasta ese momento no las pude ordenar.
Definitivamente la maternidad es arrolladora, te enfrenta con todos tus miedos y demonios. Revives carencias y es un momento clave para una mujer para encontrarse a si misma.
Cada mujer vive su maternidad de manera diferente y para mi (y ahora que lo veo en perspectiva), me sirvió para reconciliarme conmigo y entender y honrar mi naturaleza femenina.
Ahora que tengo las ideas más claras puedo decir que lo que escribí en ese momento solo fue una parte de lo que sentí y lo que no escribí fue por miedo, me enfoqué solo en lo malo queriendo ser honesta cuando pude hablar de lo bueno también y continuar siéndolo.
No hay que reprimir emociones, ni siquiera las buenas para tratar de agradar.
El malestar que sentí fue muy grande y tuve pensamientos muy feos en esos momentos, sí, pero también sentí mucho amor y ese amor sobrepasó cualquier malestar.
Si te interesó esta historia, puedes leer las siguientes:
Pensamientos Embarazosos II: El Parto
Pensamientos Embarazosos III : La Lactancia